México registra en promedio más de 90 sismos al año con magnitud superior a 4.0, y la Ciudad de México se ubica entre las zonas más vulnerables por su geología y tipo de suelo, que amplifica las ondas sísmicas, según la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil (SGIRPC).
A esto se suma que alrededor del 30% de los edificios capitalinos superan los 40 años de antigüedad, de acuerdo con el Instituto para la Seguridad de las Construcciones (ISC-CDMX), lo que aumenta el riesgo ante movimientos sísmicos.
Ante este panorama, la empresa Huella Estructural, de origen chileno y con presencia en México, Chile y Perú, ha desarrollado un sistema de sensores inteligentes que monitorean en tiempo real las vibraciones, deformaciones y desplazamientos de las estructuras. La información recopilada permite a los responsables de los inmuebles tomar decisiones sobre mantenimiento y reparaciones oportunas.
“Lo que buscamos es que cada edificio pueda ser escuchado. Si entendemos cómo se comporta una estructura ante un evento sísmico, podemos prevenir colapsos y salvar vidas”, explicó Felipe Martínez, director general de Huella Estructural.
El especialista destacó la importancia de aplicar estas tecnologías no solo en edificaciones nuevas, sino también en infraestructura construida antes de los terremotos de 1985 y 2017, incluyendo hospitales, escuelas, edificios públicos y patrimoniales.
Según la SGIRPC, en la capital existen más de 5,000 inmuebles catalogados con algún grado de riesgo estructural, mientras que el CENAPRED ha identificado socavones y deformaciones en zonas de alta subsidencia, como Iztapalapa y Xochimilco, donde el suelo puede hundirse hasta 40 centímetros al año.
La compañía promueve una estrategia de monitoreo que integra sus sistemas en edificaciones existentes, generando reportes automáticos sobre su comportamiento estructural. Actualmente colabora con autoridades locales para evaluar la salud de escuelas y edificios públicos mediante un proyecto piloto que busca establecer protocolos de respuesta inmediata tras sismos.
Martínez señaló que cada dato obtenido representa una oportunidad para prevenir tragedias: “Nuestro objetivo es que la tecnología deje de ser reactiva y se convierta en un aliado permanente de la prevención”.
El fortalecimiento de la cultura preventiva y la implementación de sistemas de vigilancia estructural representan pasos esenciales para que la Ciudad de México avance hacia una mayor resiliencia urbana. En un entorno donde los fenómenos naturales son inevitables, la prevención, la planificación y la información oportuna son herramientas clave para proteger tanto la vida humana como el patrimonio urbano.
















