En 1972, Maxwell McCombs y Donald Shaw, estadounidense estudiosos de las comunicaciones, publicaron una investigación realizada durante la campaña presidencial de 1968, aquella que culminó con el triunfo de Richard Nixon sobre Hubert Humphrey. El estudio en cuestión demostraba que los medios, selectiva e intencionadamente, decidían qué poner en emisiones televisivas y radiofónicas, así como periódicos y revistas, con el fin establecer la tendencia predominante, y así, encauzar la atención y el debate público hacia un asunto en particular, al tiempo que se desviaba la atención de algún otro que no interesaba o no convenía al sistema. Esta estrategia mediática fue bautizada por los autores como fijación de agenda o agenda setting.
En la actualidad, y particularmente en nuestro país, las condiciones han cambiado bastante, y a continuación desarrollaré el tema. Para empezar, es muy sabido que, en el contubernio entre los gobiernos de derecha con los medios, hubo un muy efectivo y prolongado uso del agenda setting. Hubo muchos puntos álgidos, como la limitada cobertura y hasta ocultamiento de los sucesos de 1968, el sismo de 1985, el fraude de 1988, con el sistemático veto mediático a Cuauhtémoc Cárdenas durante la campaña, entre otros. Aunque en tiempos en los que se temía ya un despertar político, hubo que ser más osados. Así tuvimos joyas como el Chupacabras, la creación de un telepresidente, la campaña viral de Fox o la toma de Luz y Fuerza durante un partido de la selección y puntualmente en el festejo de un gol de Cuauhtémoc Blanco.
Vivimos ahora tiempos en que la televisión ha perdido fuerza y son las redes, que entraron en el juego de manera intempestiva y no prevista, el elemento a través del cual la agenda comenzó, o bien a fragmentarse, o a ser establecida de una manera orgánica por los propios usuarios de manera masiva y no por poderes fácticos haciendo uso faccioso de ellas. Así llegó AMLO al poder, y así proclamó a las redes sociales como “benditas”. Pero no solo eso, sino que aprovechó su posición y su modelo de comunicación para él mismo establecer la agenda, pero con una diferencia: quería concentrar la atención y la opinión pública en asuntos medulares y a veces incómodos; no desviarla hacia cuestiones banales o de irrelevante entretenimiento, ni tampoco meter miedo; solo despertar conciencias.
Ahora bien, en esta coyuntura de los ‘therians’, si bien ha habido algunos analistas y opinadores que han acusado una nueva puesta en marcha del agenda setting, el panorama ya es muy distinto a tiempos pretéritos. Los algoritmos son manipulados por grupos fácticos para dirigir la atención de las masas hacia temas como éstos, pero las audiencias se encuentran atomizadas y segmentadas por nichos. Las tendencias podrán penetrar en todos ellos, pero no ocupar la atención de todas las personas. La población mexicana en particular tiene un muy alto nivel de politización y se encuentra atenta y sensible a todos los acontecimientos de dicha naturaleza.
El afirmar, como se ha hecho desde trincheras progresistas, que el asunto therian va a distraer a las personas para hacerlas soslayar el genocidio en Palestina, los múltiples atropellos del régimen trumpista a Venezuela y Cuba, los archivos Epstein, la venidera votación en el congreso mexicano sobre la reforma política y demás temas importantes; sería poco menos que subestimar al pueblo de México, a quien AMLO calificó de ser «mucha pieza». Quienes están de lleno metidos en el debate, la burla y el asombro, no son consumidores de temas políticos. Y quienes sí lo son, no pierden en absoluto su enfoque, pese a que, ejerciendo su incuestionable libertad, puedan esporádicamente emitir su opinión sobre esta y otras tendencias sin que esto sea parámetro para medir su compromiso social.
Me sigue pareciendo lejano el movimiento therian. Auge en Argentina y término griego con morfología del inglés; Argentina y EEUU tienen gobierno de derecha que dan la espalda a sus jóvenes y éstos se evaden de la realidad. En México tenemos una juventud despolitizada, pero no intencionalmente alienada como una estrategia de gobiernos. De hecho, fue sumamente contrastante el hecho de que, en México y Argentina, casi simultáneamente se votaron sendas reformas laborales. La de México apunta a beneficiar a los trabajadores al reducir la jornada laboral y regular las horas extras, mientras que la de Argentina ha sido un golpe sensible a los derechos laborales, pues incrementa la jornada laboral y pauperiza los sueldos.
Asimismo, hay otro factor muy relevante del que poco se ha hablado en México, pero que mi cercanía con los jóvenes me ha permitido constatar. En un antiguo artículo hablaba del preocupante embudo que constituía el proceso de selección para los niveles medio y superior (https://shorturl.at/YZZkt). Poli y UNAM estaban saturados y prácticamente reservados para clases medias altas (sobre todo la UNAM). El resto de escuelas de nivel medio tenían planes de estudio atrasados y deficientes, así como muy pocos alcances en el mercado laboral.
Sin embargo, actualmente, instituciones como CETIS, CONALEP y Colegio de Bachilleres, entre otras, ya cuentan con carreras que involucran la inteligencia artificial, el comercio en línea y demás campos que solo eran accesibles en el ámbito privado. Estas instituciones ahora ofrecen pase automático por promedio a la UAM o a universidades de distintos municipios. Con una preparación más robusta y más incluyente, así como las adecuaciones al régimen laboral, se un futuro mucho más halagüeño para los jóvenes de lo que pintaba durante el régimen neoliberal. Si perduran la apatía, la falta de politización el nihilismo y hasta la depresión, es más como una especie de signo de los tiempos, pero sin duda, el régimen actual toma acciones para resolver todo ello. Lo que sea, menos darles la espalda a los jóvenes.
Así pues, los mexicanos no somos susceptibles ni de volvernos therians ni de distraernos de lo importante. Somos pueblo politizado y humanista.
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