La pandemia de Covid-19 no sólo dejó rezagos educativos. También modificó durante meses — en algunos casos años— la manera en que las personas se relacionaban, particularmente entre niñas, niños y adolescentes que atravesaron etapas importantes de su desarrollo lejos de las aulas y de la convivencia cotidiana con sus compañeros.
Ese impacto es uno de los elementos que, de acuerdo con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, debe tomarse en cuenta en la estrategia de acompañamiento que se implementará en las escuelas para atender el bienestar emocional de las y los estudiantes.
Durante su intervención, la mandataria recordó que quienes hoy son adolescentes vivieron parte de su infancia en confinamiento y pasaron alrededor de un año y medio o hasta dos años sin acudir regularmente a la escuela.
Muchos jóvenes vivieron de niñas y de niños dos años o año y medio en donde no fueron a la escuela y eso siempre tiene algún impacto en la vida, porque no se socializó durante o se socializó de una manera distinta”, señaló Sheinbaum.
La presidenta no se refirió únicamente a una generación aislada del resto de la población. La pandemia representó un cambio abrupto en las dinámicas sociales para millones de personas; sin embargo, en niñas, niños y adolescentes el efecto adquirió una dimensión particular porque coincidió con etapas en las que la convivencia con sus pares es fundamental para desarrollar independencia, habilidades sociales y vínculos fuera del entorno familiar.
La propia experiencia del regreso a clases evidenció esa necesidad. UNICEF México documentó que, después del confinamiento, niñas, niños y adolescentes recuperaron en las aulas espacios de convivencia, juego, intercambio de ideas y contacto con sus compañeros y maestros. La organización destacó que la educación presencial también favorecía el bienestar emocional y la recuperación de las relaciones sociales que se habían perdido durante el aislamiento.
A la par, el confinamiento aceleró la presencia de las pantallas en la vida cotidiana. Las clases a distancia, el entretenimiento y el contacto con amigos se trasladaron en buena medida a internet, haciendo que celulares y redes sociales adquirieran un peso todavía mayor en la forma de relacionarse.
La Secretaría de Educación Pública y el Gobierno federal han colocado precisamente el uso de dispositivos y plataformas digitales entre los temas que requieren atención. La propia Sheinbaum ha señalado que se trata de un asunto que involucra la salud de niñas, niños y adolescentes y que debe abordarse también desde una perspectiva de prevención y bienestar.
Frente a este escenario, la estrategia planteada por el gobierno busca que la escuela vuelva a ser un espacio de aprendizaje, pero también de convivencia, escucha y orientación.
Sheinbaum defendió el papel de las maestras y los maestros como figuras cercanas a los estudiantes, no sólo para transmitir conocimientos, sino para acompañarlos en su proceso de socialización y en la construcción de valores.
“Nosotros creemos mucho en las maestras y los maestros de México”, afirmó.
La presidenta insistió además en que esta tarea no debe convertirse en una imposición del gobierno hacia las escuelas. Por el contrario, planteó que el acompañamiento de las nuevas generaciones debe construirse de manera colectiva entre docentes, padres de familia y autoridades.
La apuesta parte de una realidad que dejó la pandemia: después de meses de aislamiento, millones de personas tuvieron que reaprender rutinas y formas de convivencia, pero para quienes atravesaban la infancia y adolescencia el cambio ocurrió justo cuando estaban construyendo buena parte de sus habilidades sociales.
Ahora, la intención es que las escuelas ayuden a fortalecer nuevamente esos vínculos y que la convivencia presencial recupere el lugar que perdió durante el confinamiento, sin ignorar que los celulares y las redes sociales ya forman parte permanente de la vida cotidiana de las nuevas generaciones.
















