La estrategia de seguridad de Felipe Calderón volvió a encender la confrontación política. Después de que el exmandatario defendiera públicamente la llamada “guerra contra el narco”, la presidenta Claudia Sheinbaum respondió con una pregunta que cambió el foco del debate: ¿quién diseñó realmente esa política?
Desde Palacio Nacional, la mandataria sugirió que el operativo de combate frontal al crimen organizado pudo haber estado ligado a la influencia de Estados Unidos y de sus agencias de seguridad, más allá de una determinación tomada únicamente por el gobierno mexicano.
Sin deslindar directamente al expresidente panista, Sheinbaum planteó dudas sobre el papel que jugaron Washington y organismos estadounidenses en la estrategia implementada a partir de 2006, etapa marcada por el despliegue militar y el incremento de la violencia en varias regiones del país.
La presidenta recordó que durante la administración de Calderón se fortaleció la colaboración con agencias de Estados Unidos, particularmente con la DEA, lo que, a su juicio, abrió una etapa de fuerte intervención en materia de seguridad binacional.
Sus declaraciones surgieron luego de que Calderón defendiera, en un acto político del PAN, las decisiones tomadas durante su sexenio para enfrentar a los grupos criminales, una política que sigue dividiendo opiniones casi veinte años después de su arranque.
El intercambio revive una discusión de fondo sobre la política antidrogas en México: el nivel de autonomía con el que operaron las decisiones de seguridad nacional y el peso que tuvo la agenda estadounidense en la definición del combate al narcotráfico.
La postura de Sheinbaum también conecta con la narrativa sostenida por el obradorismo en torno a la soberanía, la cooperación con Estados Unidos y el rol de las agencias extranjeras en territorio mexicano.















