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El águila no cayó: Cuauhtémoc es honrado a 501 años de su martirio en el corazón de la capital

Entre danzas ancestrales y guardias de honor, la jefa de Gobierno Clara Brugada Molina encabezó la develación de un busto de Cuauhtémoc junto al Templo Mayor, reivindicando su legado de dignidad y resistencia a más de cinco siglos de su ejecución

Donde alguna vez se alzó el recinto sagrado de México-Tenochtitlan, volvió a pronunciarse un nombre que atraviesa los siglos: Cuauhtémoc. A 501 años de su ejecución, la Ciudad de México rindió homenaje al último tlatoani mexica con la develación de un busto en uno de los puntos más simbólicos del país, a un costado del Templo Mayor.

No fue solo un acto protocolario. Fue un gesto de memoria y reafirmación histórica.

Encabezada por Clara Brugada Molina, la ceremonia de Honores Fúnebres colocó al joven gobernante mexica en el centro del presente. “Hoy recordamos su aniversario luctuoso y honramos su memoria en este lugar sagrado”, expresó la mandataria, al destacar que la figura del “águila que desciende” representa uno de los pilares más firmes de la identidad mexicana.

Nacido alrededor de 1496, hijo del tlatoani Ahuízotl, Cuauhtémoc creció en una época de expansión y poder mexica. Guerrero y jefe militar antes de asumir el mando, tomó el poder en 1520 tras la muerte de Cuitláhuac, en medio de epidemias y del avance de las fuerzas de Hernán Cortés.

Durante cerca de 80 días defendió Tenochtitlan con estrategia, temple y convicción. La ciudad cayó el 13 de agosto de 1521, pero su resistencia quedó inscrita como una de las páginas más intensas de la historia nacional.

Capturado tras intentar huir en canoa, fue torturado para revelar el paradero del oro mexica. Las crónicas narran que, incluso bajo tormento, pidió la muerte con dignidad y protegió a los suyos. Finalmente, fue ejecutado el 28 de febrero de 1525 en Hibueras, actual Honduras.

Más que pasado, símbolo vigente

A más de cinco siglos, su figura permanece como emblema de firmeza ante la adversidad. En 2025 se realizaron actos de Estado por los 500 años de su fallecimiento, confirmando su lugar como referente histórico. Su martirio quedó inmortalizado en el célebre lienzo de Leandro Izaguirre, que retrata el momento de su tortura como un símbolo de resistencia.

Durante el homenaje, se presentaron danzas tradicionales como el Mitotiliztli y se reconoció al pueblo mexica Altepetl. Al final, una guardia de honor selló el tributo frente al busto que ahora permanecerá junto a las ruinas ancestrales.

Brugada recordó que la capital, una de las metrópolis más grandes del mundo, es también territorio ancestral. “La conquista no borró la memoria”, afirmó.

Y en efecto, bajo el cielo del Centro Histórico, quedó claro que Cuauhtémoc no es solo una figura del pasado. Es raíz, es identidad, es orgullo. Su nombre, pronunciado 501 años después, sigue resonando con la fuerza de quien jamás se rindió.

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