La Presa Libertad, ubicada en Montemorelos, Nuevo León, se ha convertido en un referente no solo nacional, sino internacional, al contar con la cortina más larga del continente americano, con una extensión de más de 2 mil metros. Esta impresionante obra de ingeniería, que alcanza una altura de 52 metros, posiciona a Nuevo León como un líder en infraestructura hidráulica y abre nuevas oportunidades para el desarrollo turístico de la región.

Actualmente, el embalse almacena un 30 por ciento de su capacidad, y se espera que las lluvias de este verano contribuyan a su llenado. Con una capacidad máxima de 307 millones de metros cúbicos, la presa está diseñada para abastecer de agua a 5.5 millones de habitantes del Área Metropolitana de Monterrey, aportando hasta 1,600 litros por segundo en condiciones normales y hasta 4,000 litros por segundo en caso de emergencia.
El gobernador Samuel García destacó que, además de su función hidráulica, la Presa Libertad será un polo de desarrollo turístico. Entre los proyectos planeados se encuentran la construcción de miradores, malecones y caminos que permitirán a las familias disfrutar de la vista única de la cortina, la más larga del mundo. “Queremos que esta presa no solo sea un símbolo de progreso, sino también un espacio de recreación y orgullo para los neoleoneses”, afirmó el mandatario.
La obra, que inició en septiembre de 2020, enfrentó retos como la sequía que afectó a Nuevo León, lo que ralentizó su avance. Sin embargo, gracias al Plan Maestro para Garantizar el Agua en Nuevo León hasta 2050, impulsado por el gobierno estatal y con apoyo federal, se logró acelerar su construcción. El proyecto fue declarado de interés presidencial, lo que permitió destinar recursos adicionales para su conclusión.
La Presa Libertad se alimenta principalmente del Río Potosí, que atraviesa varios municipios de la región, y su agua será distribuida a través del Acueducto Linares-Monterrey, para luego ser potabilizada en la Planta San Roque. La inversión para su construcción fue compartida al 50 por ciento entre el gobierno federal y el estatal, incluyendo gastos adicionales como la reubicación de infraestructura de CFE y la indemnización por terrenos.
Con su imponente cortina y su potencial para convertirse en un atractivo turístico, la Presa Libertad no solo garantiza el abasto de agua para las futuras generaciones, sino que también se erige como un símbolo de innovación y desarrollo para Nuevo León y México.















