Si trasladáramos la historia de la piedra filosofal y la alquimia de los siglos XVI y XVII a México en la época moderna, esta sustancia mágica sería el tequila.
Y es que, además de brindar felicidad a quien lo consume, ayudar a la digestión, reducir el colesterol y mejorar las funciones cardíacas; el tequila también es capaz de producir diamantes.
Lo anterior, aunque pareciera sacado de una película cómica hecha en nuestro país, es una realidad. Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad Autónoma de Nuevo León han encontrado la manera de transformar el tequila en diamantes, un hallazgo que va más allá de lo comercial y abre nuevas posibilidades para aplicaciones en ciencia y tecnología.
El tequila, obtenido principalmente del agave azul, se produce en diversas regiones de México, siendo los estados de Jalisco, Guanajuato, Michoacán, Nayarit y Tamaulipas los principales productores y quienes poseen la denominación de origen. Esta bebida destilada tiene una historia de más de 400 años y es reconocida mundialmente como un símbolo de la cultura mexicana.
Los diamantes, uno de los elementos más codiciados y escasos en la Tierra, tienen un valor altísimo, lo que convierte a este descubrimiento en algo muy significativo. Los científicos aprovecharon las propiedades químicas del tequila, que tiene la proporción exacta de etanol (60%) y agua (40%), elementos clave para la creación de diamantes.
El proceso comienza calentando el tequila a 280°C, lo que lo convierte en gas. Luego, este gas se calienta a 800°C, alterando su estructura molecular y generando cristales de diamante de entre 100 y 400 nanómetros.
Lo más sorprendente de este proceso es que las altas temperaturas eliminan las impurezas de carbono del tequila, transformándolo en diamantes puros. Los investigadores aseguran que estos diamantes pueden ser utilizados en aplicaciones como filos para herramientas de corte, semiconductores eléctricos, detectores radiactivos y dispositivos ópticos-electrónicos.
Este descubrimiento no solo es un avance científico, sino también un giro curioso para quienes disfrutan de esta tradicional bebida mexicana. Mientras disfrutas de un buen tequila, en realidad, podrías estar sosteniendo en tus manos un pequeño puñado de diamantes.
















