
Introducción:
Por considerarlo de interés público, transcribimos de forma intégra y sin comentarios adicionales el texto del comunicado del INFP de Morena, mismo que no encontramos en formato de texto ni de PDF en las redes, ni en Internet.
INFP – INSTITUTO NACIONAL DE FORMACIÓN POLÍTICA
SIN FORMACIÓN NO HAY TRANSFORMACIÓN
COMUNICADO
Más allá del espacio virtual está la realidad
El debate en redes sobre las elecciones internas de Morena
Introducción: una coyuntura que exige replantear los términos del debate
El debate alrededor de la designación de diecisiete coordinadores
En 2027, en nuestro país tendrá lugar uno de los procesos electorales más grandes de la historia, un proceso estratégico para la Cuarta Transformación (4T), pues en él se decidirán 19 mil cargos públicos, entre ellos diecisiete gubernaturas y las 500 diputaciones federales (es decir, el relevo del Congreso).
En este contexto, entre el 10 y el 29 de septiembre de 2026, se llevó a cabo un proceso de selección, el cual fue encabezado por Ariadna Montiel, la presidenta del partido, y Citlalli Hernández, presidenta nacional de la Comisión de Elecciones. Fue el proceso de definición de los Coordinadores Estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, el cual se llevó a cabo sin mayores tropiezos y la presidenta Claudia Sheinbaum destacó que se había dado con «mucha unidad». En efecto, la inmensa mayoría de los aspirantes a coordinadores acató los resultados y no hubo fracturas. Sin embargo, el debate en internet fue otra cosa.
Como suele suceder en todos los procesos de selección interna, fueron más los no seleccionados que los seleccionados, por lo que muchos aspirantes y sus equipos se sintieron frustrados y algunos hasta lastimados. El descontento no se canalizó a través del debate interno del partido, sino en el ciberespacio. En redes sociales, un sector de los internautas de izquierda —muchos de ellos simpatizantes o militantes de la 4T— se apresuraron a descalificar el procedimiento, el mecanismo de las encuestas, los resultados, a los coordinadores, a las personas encargadas de sacar adelante la tarea, al partido, a los seleccionados y hasta a la presidenta. Muchos se indignaron porque no quedaron los perfiles que ellos apoyaban, otros se dijeron traicionados porque se había «hecho de lado» a referentes históricos del movimiento (dijeron que habían triunfado los chaplines), les hicieron juicios sumarios a camaradas de probada trayectoria, convocaron a marchas de protesta, a la desobediencia, a la ruptura, dieron por muerto al obradorismo e incluso hubo quienes llamaron a no votar por Morena y a formar otro partido (y luego… no hubo nada).
Lo más inaceptable y vergonzoso de este episodio fue la feroz campaña de linchamiento contra Ariadna y Citlalli (dos compañeras honradas, que tienen en sus manos una tarea difícil). Esta andanada fue encabezada por camaradas del propio partido. Quienes intercedieron para defender a la dirigencia fueron también insultados sin miramientos. Cabe observar que, a pesar de que han hecho un trabajo notable y llevado al partido a triunfos históricos, muchos de los cuadros de dirección de Morena han sido objeto de campañas internas de descrédito. Así, la izquierda mexicana perpetúa su larga tradición fratricida.
De la urgencia de dar un debate interno razonado
El debate por la elección interna apenas empieza. Falta definir las candidaturas de 300 diputados, las listas plurinominales (200 diputados de representación proporcional) y más de 19 mil cargos más (entre ellos presidencias municipales y alcaldías importantes).
Por supuesto, lo central de este proceso es el Congreso. Si Morena conserva la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, la 4T podrá terminar de construir su segundo piso. Si no la conserva, el proyecto quedará comprometido. Esto sería grave para el obradorismo y para el progresismo latinoamericano que desde hace años sufre una embestida sucia e inclemente por parte de la administración de Donald Trump.
Para Morena resulta estratégico preservar el Congreso. El caso de las elecciones en Brasil debería poner a México en alerta acerca de las implicaciones que tiene para la izquierda el perder el Congreso y la mayoría de las gubernaturas.
El debate en internet difícilmente logrará cambiar el resultado del proceso, pero sí puede envenenar y descomponer la discusión, abrirle el paso a los grandes operativos mediático-digitales de descrédito de la ultraderecha proyanqui, implantar narrativas para la derecha y sentar las bases para una derrota futura. La coyuntura es delicada, pues la historia reciente nos dice que los debates internos más enconados de las izquierdas se dan en la decisión de los cargos locales (como los municipales). El encono puede escalar y se corre el riesgo de que haya rupturas importantes en un momento en el que la unidad contra el injerencismo es indispensable.
Si para ciertos sectores de la izquierda el proceso interno de Morena es perfectible, el debate que se ha dado en redes sociales alrededor de este tema en redes sociales es ideal para toda la derecha nacional e internacional. Entre otras cosas, revela las posibles fracturas internas y ahí es donde la derecha tecnofeudal y el tecnofascismo articulan sus operativos políticos.
Por todo lo anterior, urge reflexionar sobre las elecciones internas y sobre cómo se debe dar el debate alrededor del proceso interno de selección. Sobre todo, es vital encontrar mecanismos más sanos para el debate de ideas.
- Necesitamos reflexionar acerca de cómo el internet cambió el debate en las izquierdas y meditar acerca de los problemas éticos que plantean el anonimato, la inducción sistemática de la rabia y los linchamientos digitales. También es vital encontrar alternativas comunicacionales que ayuden a mantener la unidad del proyecto.
- Es indispensable revisar por qué los procesos de selección interna con frecuencia terminan por dinamitar movimientos históricos, tal como ocurrió con Podemos en España, con el MAS en Bolivia o con el peronismo en Argentina. Asimismo, debemos estudiar por qué la izquierda tiene una historia tan rica en comportamientos fratricidas y canibalismo.
- La división de la izquierda mexicana sólo le conviene a la derecha y al fascismo. Para definir qué estrategia debe seguir nuestro movimiento, es indispensable hacer un buen análisis de las fuerzas que se mueven en el planeta, estudiar la correlación de fuerzas a nivel nacional e internacional. Entender qué tan importante es mantener la unidad de las izquierdas en un subcontinente acosado por un imperio en crisis. Sobre todo, debemos estudiar la necesidad de consolidar el Frente Amplio para blindar a nuestro movimiento del ascenso del fascismo.
- La estrategia del neofascismo se centra en las guerras mediáticas y las operaciones psicológicas. Estamos en plena guerra cognitiva y la gran maquinaria de ataque de la oligarquía digital contra la humanidad son las redes sociales. Es indispensable entender cómo funcionan el capitalismo de plataformas y las redes sociales, y consolidar una estrategia humanista para sobrevivir y vencer.
I. El debate de las izquierdas en tiempos del internet
Del debate de ideas al shitsform (o de la degradación de la discusión)
El debate político en la izquierda cambió con la llegada de las redes sociales y esto ha marcado la discusión en el México de la Cuarta Transformación.
Durante siglos, en México y el mundo, la izquierda dirimió sus diferencias en reuniones y asambleas, y se organizó en la calle, en los barrios y salones, a través de ideas publicadas en volantes, hojas sueltas, artículos, folletos, pasquines y libros. Las discusiones eran largas y acaloradas, los ponentes derramaban tinta y los activistas y dirigentes agitaban y organizaban movimientos sociales y partidos políticos. El debate era a veces duro y ríspido, incluso inclemente, pero se resolvía con argumentos.
En el 2026, el debate se da sobre todo en el espacio virtual, en grupos de WhatsApp, en X y Facebook, y se nutre de en vivos de YouTube, videos de TikTok, podcasts, tuits, memes y mensajes cortos. La plataforma que concentra el debate político en casi todo el mundo es X (antes Twitter), donde los mensajes tienen un límite de 280 caracteres. Se debate cada vez menos en calles y plazas, y cada vez más en el ciberespacio, quien le da cuerpo a la discusión es el algoritmo.
El paso al espacio virtual de las redes ha permitido que el debate sea cada vez más ágil, rápido, inmediato, intenso y encendido. Es global y viaja a la velocidad del rayo. Pero lo que se ha ganado en rapidez y alcance se ha perdido en profundidad. Se debate cada vez más a nivel afectivo y cada vez menos con argumentos. Una tesis larga es desechada en automático por los internautas acostumbrados a leer textos breves. Además, la inmediatez obstaculiza la reflexión de largo aliento. El debate en redes está sobresimplificado, se centra en la coyuntura y rara vez ahonda en análisis de fondo y temas teóricos. Sin embargo, la masificación de las plataformas ha propiciado que el debate en redes marque la conversación, imponga ciertas narrativas e implante cierto sentido común en sectores de la población. Estamos en la era del terraplanismo libertario.
Por si esto fuera poco, las lógicas de monetización de las plataformas se rigen por las dinámicas del espectáculo, promueven los mensajes cargados de odio y rabia (el rage bait), y buscan viralizar contenidos. Para colmo, la conversación está marcada por cuentas que agreden desde el anonimato, por cibertrolls y granjas de bots. Este es el caldo de cultivo para el ciberodio, el shitsform (lluvia de mierda) y los más salvajes linchamientos digitales. Debemos de hacer conciencia de que monetizar fake news y linchamientos digitales es una forma moderna de corrupción.
En las redes sociales proliferan las fake news y los bulos. Los usuarios saben que en las plataformas abiertas —especialmente en X— el intercambio respetuoso de ideas es un fenómeno raro y muchos planteamientos teóricos complejos, cargados de matices que deben ser cuidadosamente ponderados, terminan en la cancelación. En este universo, un influencer pesa más que un teórico y el debate no se resuelve con argumentos, sino con likes. Las frases ocurrentes y los memes reemplazan a los argumentos. Ya no importa quién tiene la razón, sino quién logra más seguidores. Esta sinrazón suele llevar a los movimientos al desastre.
Otro tema digno de reflexión es que esta discusión —que ya no se da en la calle, con militantes vivos, sino con un alto porcentaje de bots— rara vez se traduce en acción. Se queda en el espacio virtual, en las plataformas que dominan los hombres más ricos del mundo.
Sin lugar a dudas, las redes sociales son una gran herramienta; en sus primeros tiempos democratizaron la discusión y ayudaron a romper el cerco informativo impuesto por los grandes monopolios mediáticos. A la Cuarta Transformación, las redes sociales y los youtuberos le ayudaron a sobreponerse a la voz única del duopolio televisivo mexicano y es un hecho que durante años Twitter fue un espacio libre y abierto que llegó a reflejar la pluralidad de la sociedad. Pero también es verdad que, en pocos años, los expertos del sistema encontraron mecanismos para hacer negocio con el espacio virtual y que, hoy por hoy, los hombres más ricos del mundo son los guardianes de los algoritmos de las grandes plataformas. Desde que Elon Musk compró Twitter y la convirtió en la red X, las opiniones de la ultraderecha dominan esa red y las voces progresistas son sistemáticamente silenciadas o baneadas.
Esta discusión no debe seguir las lógicas del internet
Los que firmamos este documento somos militantes de la izquierda y estamos convencidos de que ciertos debates políticos que son centrales para la Cuarta Transformación no se han dado de manera responsable porque las redes sociales han logrado imponer sus dinámicas.
Estamos atrapados en las redes digitales y no sabemos cómo y hasta qué punto nos manipulan. Las revelaciones del caso Cerimedo, la confirmación de que Brad Parscale, Donald Trump jr. y la CIA hacen guerra cognitiva en América Latina debería ponernos sobre aviso de que el debate de la izquierda en las redes está contaminado por los intereses y las estrategias de la derecha tecnofascista. No tenemos claro cuáles son los alcances de la guerra cognitiva moderna. Lo cierto es que la furia y los golpes de mano se imponen fácilmente a la cavilación, a la duda metódica y al análisis meditado. De esta manera, resulta imposible debatir y reflexionar en el ciberespacio sobre coyunturas políticas que están llenas de matices, de ambigüedades, cargadas de contradicciones, que están ligadas a temas complejos que exigen un análisis teórico ponderado o que implican tomar decisiones comprometidas. Eso es grave cuando consideramos que la política es optar entre inconvenientes. Cuando la izquierda debate en Twitter, el maestro de ceremonias es Elon Musk y los operadores digitales como Fernando Cerimedo y Javier Negre presumen de haber definido el debate en Argentina, Chile, Colombia, Bolivia y otros países. ¿Qué nos hace pensar que no son capaces de manipular a los internautas mexicanos de izquierda?
Sin lugar a dudas, debemos defender siempre el derecho de todo ciudadano a ejercer su espíritu crítico con plena libertad. De hecho, en la izquierda es más común encontrar camaradas críticos que disciplinados. Lo ideal es tener una militancia a la vez crítica y disciplinada; que pueda ser crítico de pensamiento y disciplinado en la acción. Para poder lograr eso, necesita leer bien la coyuntura y entender la disciplina de la crítica.
Entre otras cosas, se debe entender que la crítica es universal y que quien ejerce la crítica también puede y debe ser criticado. Las preguntas que surgen de la andanada contra Ariadna y Citlalli son muchas:
- ¿Por qué los debates más apasionados dentro de la izquierda se dan cada vez más en torno a candidaturas y cada vez menos en torno a principios, programas, proyectos o estrategia?
- ¿No es verdad que en esta polémica todo se centró en la lucha por los cargos y se dejó de lado el proyecto de nación? ¿Hasta cuándo le daremos más importancia a la pequeña política que a los debates sobre el proyecto de nación o a los asuntos de estrategia?
- ¿No es verdad que el debate en redes sobre la selección interna de Morena fue rico en descalificaciones y exabruptos, pero dejó de lado temas estratégicos? ¿No es verdad que muchas acusaciones se basaron en mentiras o supuestos que no se cumplieron?
- ¿Hasta qué punto estas posturas fueron producto de la reflexión y hasta dónde el resultado de las dinámicas impuestas por los algoritmos de las redes? ¿No es verdad que la reacción sacó provecho a esta pelea? ¿No es la fractura de la izquierda mexicana el sueño del trumpismo?
- ¿De verdad piensa la izquierda de Twitter que la 4T es ahora el Estado represor al que hay que combatir? ¿De verdad creen los internautas que Morena puede hacer lo que sea y que no necesita hacer alianzas ni concesiones? ¿Dónde quedó el análisis de la correlación de fuerzas? ¿No estamos en México defendiendo un proyecto humanista en medio del auge del fascismo mundial? ¿No estamos acaso ante un imperio estadounidense en crisis relativa que amenaza nuestra soberanía a varios niveles? ¿Dónde quedó el debate sobre la necesidad de consolidar un Frente Amplio?
- ¿No es razonable pensar —a la luz de esta controversia— que la izquierda actual no ha abandonado su proverbial sectarismo y la lucha fratricida? ¿No es verdad que las divisiones de la izquierda le abren siempre la puerta a la derecha?
A pesar de su importancia, las redes sociales no son la realidad. Afuera de X, Facebook y TikTok hay una sociedad viva y pujante que vive en el mundo real, más allá del espacio virtual. A esa sociedad nos dirigimos y lo hacemos con toda responsabilidad, buscando abrir un debate de largo plazo, de fondo, con un texto largo. No esperamos ganar la discusión en el corto plazo. Sabemos que en lo inmediato seremos motivo de descalificaciones, burlas y escarnio. Sin embargo, estamos convencidos de que nuestros planteamientos llevarán a una reflexión de largo aliento, entre la base del movimiento.
Publicaremos este documento en todos los espacios posibles —incluso en redes—, pero no daremos el debate en redes sociales. No responderemos insultos, descalificaciones personales, burlas, acusaciones infundadas ni memes. Queremos discutir con la base, no con creadores de contenido. Estamos convencidos de que la 4T necesita un debate teórico serio y fundado.
II. Por encima de la grilla están los intereses de la nación
Gran política y pequeña política
Andrés Manuel López Obrador nos enseñó que la política es un oficio tan noble que ni siquiera los políticos más sucios han sido capaces de mancharla.
En efecto, la política es un oficio noble en la medida en la que permite construir un futuro mejor para los pueblos; en la medida en la que nutre y transforma las ideas y los valores de nuestra sociedad, en la que ayuda a construir un orden social más justo. Para la Cuarta Transformación, hacer política es sacar de la pobreza a millones de mexicanos, bajar los índices de violencia, «moderar la opulencia y la indigencia» (tal como proponía Morelos), defender la soberanía de la nación, ser humanista y promover la revolución de las conciencias.
Los políticos que le dan un mal nombre a la política son los que medran con la administración rutinaria del Estado, los que centran sus esfuerzos en la disputa por puestos, posiciones y presupuestos. A esta conducta el pueblo la llama despectivamente «grilla» para significar que se trata de un chirrido molesto y constante, como el de los grillos.
Antonio Gramsci hacía una diferencia entre la pequeña política y la gran política. Según él, la gran política se concentra en las funciones que desempeñan los Estados y en las estructuras económico-sociales. Los proyectos, las estrategias, las políticas sociales son propias de la gran política. En contraste, la pequeña política es la agenda política del día a día. El debate parlamentario, la grilla, la intriga, el pleito por los cargos.
Las definiciones de candidaturas son típicas de la pequeña política y son muy riesgosas. Concentran rencillas personales, ambiciones y envidias y mueven pasiones. En estos pleitos, los intereses personales se colocan por encima de los colectivos y del proyecto.
La grilla no debe tener cabida en Morena. Debemos siempre recordar que, para la Cuarta Transformación, lo importante no son los cargos, sino los encargos. En nuestro partido, los puestos de gobierno son lugares de responsabilidad y rendición de cuentas. No podemos permitir que la pequeña política se imponga sobre la gran política. En todo momento, el debate debe centrarse en el proyecto, los principios, las tácticas y la estrategia y en su cumplimiento, no en las personas. Además, en este debate debe participar siempre la ciudadanía.
Lo central es el proyecto
Alejandro Magno dijo: «No temo a un ejército de leones dirigido por una oveja; temo a un ejército de ovejas dirigido por un león». Si el proyecto de la 4T es comandado por dirigentes históricos —como Andrés Manuel López Obrador o Claudia Sheinbaum— ¿qué tanto daña al movimiento el tener en sus filas a políticos que se sumaron al proyecto después de haber militado en otras formaciones políticas? ¿No son acaso cuadros políticos formados? ¿Acaso no le suma al movimiento el quitarle cuadros a la oposición? ¿No es preferible que estén combatiendo en nuestras filas y no en las del enemigo?
Lo central es siempre el proyecto. Si se mantiene la dirección de un proyecto que actúa por el bien de todos y pone en primer lugar a los pobres, el movimiento está salvado. Establecido el plan general, el quién ocupa qué cargo es un tema menor, siempre y cuando cumpla con su encomienda. Hacer política para mejorar las condiciones del pueblo propicia la unidad de la nación. La pugna por los cargos degrada la política y divide al movimiento.
Está muy documentado que, en todas las latitudes, los procesos de selección interna de candidaturas ponen siempre a prueba la solidez de los movimientos y los institutos políticos. A lo largo de la historia, hemos visto cómo proyectos populares históricos que parecían imbatibles se han fracturado cuando se decidieron las candidaturas a cargos de elección. En años recientes, algunos de los movimientos fundamentales del progresismo latinoamericano lograron resistir invasiones y golpes de Estado, pero sucumbieron ante la lucha interna por las candidaturas. Las peores derrotas de la izquierda vienen de las divisiones internas. Una muestra de ello son las elecciones de Bolivia.
Morena no puede permitir que el pleito por las candidaturas dinamite el proyecto de nación.
Importancia de la unidad en el proceso de selección interna
Durante años, la selección de candidatos fue el talón de Aquiles de la izquierda mexicana. En México ese es un problema serio desde la República Restaurada. El PRI resolvió ese dilema mediante un proceso antidemocrático: el dedazo (de ahí viene la famosa frase de Fidel Velázquez que afirmaba que «el que se mueve no sale en la foto»).
El proceso de transformación de la vida pública de México promueve la democracia y nos exige a todos anteponer los intereses de la nación a los personales, de grupo o facción. En el país de la cultura del fraude electoral, el dedazo y el tapado, Morena ha hecho un esfuerzo importante para que los procesos de selección interna sean democráticos y transparentes.
José Barberán y Andrés Manuel propusieron una fórmula para darle racionalidad al proceso y hacerlo democrático: cuando no hay consenso, se hace un sondeo entre la ciudadanía. Hay una comisión técnica (la Comisión de Encuestas) y una comisión política (la Comisión de Elecciones). En Morena, la Comisión de Encuestas es un equipo técnico que somete sus resultados a la Comisión de Elecciones, que es la que decida los resultados finales; las dos actúan con independencia. Respetemos este proceso. Este método le ha dado grandes resultados a Morena, ha evitado fracturas y divisiones y le ha permitido ganar la presidencia dos veces y la mayoría de las gubernaturas en unos pocos años.
Por ética elemental, todos los aspirantes que participan en estas encuestas internas deben aceptar los resultados finales y acatar las resoluciones del órgano electoral interno. No hacerlo es anteponer los intereses personales o de grupo a los de la nación. Esto es particularmente grave en la actual coyuntura histórica.
A pesar de que este procedimiento le da cierta objetividad al procedimiento, la batalla por los cargos siempre es fuerte y siempre, al final de estas grescas, tenemos más heridos que triunfadores. En el reciente proceso de selección de Coordinadores Estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, se pusieron en juego 17 coordinaciones, pero se presentaron 277 aspirantes (de modo que es previsible que hayan quedado 260 referentes heridos).
En esos procesos entran los agentes oportunistas: otros partidos —incluso aliados— les abren sus puertas a los contendientes lastimados para provocarle bajas al movimiento y precipitar la fractura. Es la cosecha del descontento. A río revuelto, ganancia de oportunistas.
En estos tiempos, el agente oportunista más peligroso son las redes sociales, las plataformas digitales, que son todas propiedad de la oligarquía digital global, donde predomina la derecha radical. En el casino de los consorcios mediáticos, la casa juega e invariablemente apuesta a favor de la derecha y promueve en automático la división de la izquierda. A los políticos de la derecha se les exige poco y se les perdona todo. En cambio, a los políticos de izquierdas se les difama constantemente, se les exige hasta lo imposible, se les vigila hasta el hostigamiento y no se les disculpa nada. Las elecciones internas de un partido de izquierdas es siempre un festín para los cazadores de rage bait.
Toda esta carnicería se potencia con el fuego amigo. Lo que más desgasta a los movimientos de izquierda son las divisiones internas y lo que más desmoraliza a los luchadores sociales son las traiciones, las descalificaciones de los compañeros y la falta de solidaridad de los camaradas de lucha.
Para seguir impulsando el proyecto de nación de la 4T necesitamos unidad. Necesitamos elevar la mira y ver más allá de la pelea por los cargos. Para poner en práctica la noción de que lo importante son los encargos, no los cargos, debemos dejar de lado el pleito por los cargos.
Esto se vuelve un asunto ético y estratégico de fondo cuando la soberanía del país está siendo amenazada por una intervención por parte de los Estados Unidos (¡otra más!) y cuando en todo el planeta el fascismo se renueva y crece.
III. Ante el riesgo de la intervención y el fascismo, el Frente Amplio
Unidad ante la amenaza a nuestra soberanía
En todo momento, la unidad del movimiento popular es necesaria. Pero ésta se convierte en un problema de seguridad nacional cuando la patria está amenazada por una intervención extranjera y por el auge de la ultraderecha fascista en todo el mundo.
México tiene una larga historia de acoso e intervenciones por potencias extranjeras. Nuestro pueblo sabe que la lucha de fracciones le abrió las puertas a la Intervención estadunidense de 1846-1848 y facilitó la derrota de México, la cual culminó con la firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo y con la pérdida de más de la mitad del territorio nacional. Nuestro pueblo también tiene presente que la división interna propició la Intervención francesa de 1861-1867.
Además, los mexicanos saben que los Estados Unidos han realizado varias intervenciones militares directas sobre territorio mexicano, entre ellas la ocupación del Puerto de Veracruz de 1914 y la expedición punitiva contra Pancho Villa de 1916-1917. Hemos vivido constantemente amenazados y presionados por el imperio más poderoso de la tierra, Estados Unidos, que —para bien y para mal— es nuestro vecino.
En 2026, el riesgo de una intervención extranjera está vigente. La administración de Donald Trump está en campaña contra los gobiernos progresistas de América Latina y amenaza constantemente con intervenir en nuestro país. El 23 de septiembre de 2026, en la ONU, Trump afirmó que «México es el epicentro de la violencia de los cárteles de la droga». El riesgo de una intervención militar estadunidense es real.
Lo más lamentable es que sectores de la oposición neoliberal mexicana piden abiertamente una intervención extranjera: políticos del PRI y el PAN viajan constantemente a los Estados Unidos y dan entrevistas a medios estadunidenses, pidiendo la intromisión de Washington y, por si esto fuera poco, a espaldas del gobierno federal, la gobernadora panista de Chihuahua colabora abiertamente con la CIA y otras agencias estadunidenses. Todo esto en el contexto de las revelaciones del caso Cerimedo, que documentan un Plan Cóndor Mediático dirigido por la CIA y la ultraderecha mundial.
Si algo detiene a los intervencionistas es la fuerza y la cohesión de nuestro movimiento. En este contexto, las divisiones internas de Morena resultan particularmente inoportunas y pueden resultar fatales. El pueblo de México defiende su soberanía y sabrá juzgar a quien divide al movimiento. Hoy más que nunca es indispensable fortalecer el Frente Amplio.
La estrategia del Frente Amplio
Desde 1986, cuando se fundó la Corriente Democrática del PRI, la izquierda mexicana buscó la unidad para detener al autoritarismo priista y la barbarie neoliberal. El camino fue largo y duro. La izquierda —por décadas pulverizada— hizo varios esfuerzos; primero se aglutinó en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y cuando este instituto político se terminó por descomponer, Andrés Manuel López Obrador propuso fundar un gran partido-movimiento: el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).
López Obrador es un estratega excepcional que ha sabido escoger sus batallas y darle rumbo al movimiento. En tres ocasiones contendió por la presidencia y las tres siguió estrategias distintas. En 2006 contendió buscando un frente amplio de izquierdas y le hicieron un fraude que no se pudo revertir. En 2012, organizó un frente popular que incluía a todos los sectores sociales, pero esto no fue suficiente.
Obrador entendió que, para sacar al Prian del gobierno, era necesario organizar una coalición con todos los partidos políticos, movimientos sociales y organizaciones civiles que estuvieran en contra del neoliberalismo. Esto es una estrategia de Frente Amplio, y para cohesionarlo diseñó un gran proyecto de nación y, al mismo tiempo, impulsó la fundación de un instituto político propio. Morena se fundó el 2 de octubre de 2011 y se concibió desde sus orígenes como un partido-movimiento. La estrategia que siguió fue la de construir un Frente Amplio policlasista que agrupó a diversos sectores de la sociedad en torno al proyecto de la Cuarta Transformación. Así, Morena ganó la presidencia de la república gracias a la estrategia del Frente Amplio en 2018, y esta estrategia le permitió gobernar con estabilidad, conquistar la mayoría en el Congreso y ganar 21 gubernaturas entre 2018 y 2021. Le permitió a Morena ganar los comicios de 2024 con una votación histórica y esto le dio la mayoría calificada que le permitió aprobar la reforma judicial en diciembre de ese año. Este histórico sería suficiente para justificar la estrategia del Frente Amplio. Pero hay más.
El Frente Amplio, única forma de resistencia contra el fascismo
En los años recientes, la ultraderecha se ha fortalecido en todo el planeta e incluso hemos visto resurgir movimientos abiertamente fascistas y neonazis. Hoy, muchos países están gobernados por fascistas. El caso más dramático es el Estado sionista de Israel. Desde hace dos años, Washington instrumenta prácticas racistas y enarbola un discurso abiertamente antimexicano. En octubre de 2026, la ultraderecha gobierna la mayoría de los países de América Latina y sólo Brasil y México defienden proyectos progresistas y humanistas.
El fascismo está de regreso y tiene rasgos nuevos. El neofascismo se distingue del fascismo del siglo XX por el hecho de que no busca regresar a las glorias de un pasado monárquico idealizado, sino que se plantea simplemente preservar y ahondar los enormes privilegios de una oligarquía cada vez más minúscula. Su proyecto de sociedad está plasmado en el Manifiesto Palantir y está ensayando su estrategia global en Gaza. El plan es tener una sociedad controlada por las redes sociales para beneficio de una minoría minúscula. Estamos ante un proyecto que se propone el exterminio de los pueblos que resisten para mantener los privilegios de unos cuantos. El neofascismo avanza a pasos agigantados. Incluso en Alemania estamos presenciando el regreso de la ultraderecha. No ver las implicaciones catastróficas de esta amenaza es un suicidio.
La historia nos enseña que la única estrategia eficaz para detener el avance del fascismo es la consolidación de un Frente Amplio que aglutine a todas las fuerzas que se oponen a la barbarie y la desesperanza. Para vencer al fascismo es necesario sumar en un frente a todas las fuerzas que no están con la barbarie. A todas, sin excepción. La unidad de todas las fuerzas antifascistas es indispensable para la supervivencia de la humanidad.
Sin embargo, todavía nos encontramos en la izquierda mexicana a corrientes que afirman que Morena es la nueva estrategia de la derecha para domesticar la conciencia crítica del proletariado y perpetuar el capitalismo. Estos argumentos recuerdan los que esgrimió el stalinismo en la década de 1930 para no hacer una alianza con la socialdemocracia alemana para frenar a Hitler. Millones de personas pagaron con su vida las consecuencias de esta cerrazón.
Desde hace ya unas semanas, se escucha el argumento de que, para justificar el chaplinismo y su traición histórica, Morena utiliza «el argumento de Carlos Fuentes» de 1970, de que estábamos ante la disyuntiva de «Echeverría o el fascismo». Para empezar, no hay certeza de que Fuentes haya dicho esto y todo indica que se trató de un constructo de intelectuales afines al PRI. Sin embargo, el mayor problema de la disyuntiva «Echeverría o el fascismo» era su falsedad. En 1970, el fascismo no estaba en ascenso y Echeverría garantizaba la continuidad del autoritarismo macartista de Gustavo Díaz Ordaz. De hecho, Echeverría resultó ser un alto agente de la CIA en México.
En 2026, la situación es radicalmente distinta: Morena no es un proyecto autoritario y el fascismo sí está en auge. Por lo tanto, la estrategia del Frente Amplio que le permitió a Morena ganar la presidencia y la mayoría de las gubernaturas se vuelve aún más necesaria ante el avance del fascismo en la región. No es casual que los únicos movimientos del progresismo latinoamericano que se mantienen firmes ante el avance de la ultraderecha son Morena (que es un Frente Amplio) y el Frente Amplio de Uruguay.
Unidad en el Frente Amplio
La estrategia del Frente Amplio policlasista implica la confluencia de fuerzas y tendencias políticas distintas que incluso se han enfrentado entre sí a lo largo del tiempo. La viabilidad de esta estrategia sólo es posible cuando se hace un frente contra un enemigo común y cuando hay un proyecto político hegemónico que beneficia a todos los sectores involucrados. Estas dos condiciones se cumplen en tiempos de la 4T.
El proyecto del actual Frente Amplio morenista es la recuperación del estado de bienestar y del acuerdo social plasmado en la Constitución de 1917. Este proyecto ha reactivado el mercado interno, le ha dado estabilidad al país y ha sacado a millones de la pobreza. Es un proyecto que tiene una clara hegemonía de izquierda y que ha beneficiado a todos los sectores, pero ha puesto por delante los intereses de los sectores más pobres del país. Esta política se resume en el lema que dice: «Por el bien de todos, primero los pobres».
Desde 2011, sectores de la izquierda se quejan por la inclusión en Morena de ciertos actores de la clase política que vienen de otros partidos o formaciones (PES, PRI, PAN o PRD, entre otros). Abrir el partido a personajes con otra formación siempre es un riesgo y Morena ha postulado en varias ocasiones a personajes que le han dado la espalda al proyecto. Los casos más lamentables son los de Lily Téllez y Germán Martínez. Sin embargo, el balance de la estrategia es positivo. La inclusión de la gran mayoría de los políticos que vienen de fuera ha debilitado a la oposición y ha fortalecido a la izquierda. Lo esencial es que el proyecto ha mantenido su sentido social y popular. Se sigue gobernando para el bien de todos y se siguen colocando primero a los pobres.
Esta estrategia es una apuesta por el futuro y no funciona si prevalece el sectarismo. En un Frente Amplio no importa de dónde vienen los simpatizantes, los militantes o los aspirantes a un cargo de elección, sino hacia dónde van, qué proyecto apoyan y qué sociedad quieren construir. El proyecto de Morena es muy sólido y está firmemente dirigido por nuestra presidenta. Pero no podemos construir solos el segundo piso de la 4T. Necesitamos el apoyo y el trabajo de la mayoría de los mexicanos. Necesitamos sumar.
El propio Lenin expuso en 1922 (ya en el gobierno) que «uno de los más graves y peligrosos errores de los comunistas (como de todos los revolucionarios que hayan coronado con éxito la etapa inicial de una gran revolución) es imaginarse que la revolución pueden llevarla a cabo los revolucionarios solos». Necesitamos alianzas y necesitamos que más gente se sume al movimiento. Todo proyecto revolucionario o de transformación debe tener la capacidad de guiar, incluir y aglutinar a los más diversos sectores de la sociedad, a la mayoría de actores en torno a un proyecto común. No podemos aspirar a que se sumen a Morena referentes que vienen de otros lados y después reclamarles que se hayan sumado tarde al proyecto y maltratarlos.
IV. Contra la guerra cognitiva, la revolución de las conciencias
Unidad ante la guerra cognitiva
Actualmente, la arena política se ha transformado con la llegada de una nueva herramienta tecnológica: las redes sociales de las plataformas digitales, las cuales tienen una enorme capacidad de difundir mentiras y manipular a los millones de ciudadanos que las usan.
Facebook, Google, TikTok, X, Twich y Truth Social marcan la agenda política de todo el planeta y México no escapa a esta tendencia. Debemos hacer conciencia de que todas estas plataformas son propiedad de los hombres más ricos del mundo. Todas estas plataformas se nutren de nuestros datos, son omnipresentes (las llevamos a todas partes), cuentan con eficaces herramientas de manipulación y engaño, operan en la arena política y trabajan con inteligencia artificial militar. Las divisiones de la izquierda son la principal materia prima de la derecha digital para construir sus narrativas racistas, ultraconservadoras y antiprogresistas. De hecho, los algoritmos de las redes captan los discursos de la izquierda en automático y con ellos alimentan las narrativas de la extrema derecha, de modo que estamos ante un nuevo fenómeno: el tecnofascismo.
La ultraderecha actúa a nivel digital mediante las empresas mediáticas y las granjas de bots y trolls de actores como Javier Negre o Fernando Cerimendo, quienes trabajan de la mano con la CIA y presumen de poner y deponer mandatarios en América Latina.
Necesitamos profundizar la revolución de las conciencias para defender a la 4T del aparato mediático, de la desinformación y del tecnofascismo. La unidad se construye con ideas, con debate y con trato de camaradas.
No debemos caer en descalificaciones sin sustento que nutren a la maquinaria de desinformación. En especial, la utilización del lenguaje sectario, patriarcal, machista y homófobo no puede tener cabida en nuestro movimiento. La guerra sucia en redes contra nuestros compañeros y compañeras no puede empezar en las filas del propio movimiento.
Los linchamientos digitales, barbarie moderna
Cada época tiene sus peculiaridades, incluso en materia de barbarie. En tiempos de la Revolución Francesa surgieron los Comités de Salud Pública; durante el stalinismo se dieron las purgas; del mismo modo, en tiempos de la dictadura mediática y el capitalismo de plataformas, tenemos los linchamientos digitales.
Quien milita en la izquierda en el siglo XXI sabe que puede ser objeto en cualquier momento de una campaña difamatoria en redes.
Generalmente es la derecha la que lanza estas campañas, pero es frecuente que la derecha utilice los argumentos que surgen entre compañeros de las izquierdas para hacer guerras de descrédito en contra de actores relevantes. Nada envenena más el debate en las izquierdas como la ponzoña fratricida.
Sin lugar a duda, lo más lamentable, lo más reprobable, lo más ruin del debate que se dio alrededor de la definición interna de Morena es la campaña digital de la que han sido objeto Ariadna Montiel (presidenta del partido) y Citlalli Hernández (responsable de la Comisión de Elecciones).
Para empezar, es inaceptable que compañeras de probada trayectoria —como ellas— sean agredidas de manera artera y acusadas —sin prueba alguna— de traición en medios de comunicación masiva. En especial, resulta inadmisible que sean descalificadas por actores de dudosa trayectoria; incluso por anónimos.
No podemos maltratar y estigmatizar a camaradas a las que se les asignan responsabilidades delicadas. La crítica es importante, pero la disciplina también lo es, sobre todo en tiempos delicados. Tal vez debemos aprender a respaldar a nuestros dirigentes y a cerrar filas, en especial con los cuadros a los que se les asignan encargos espinosos. Después de esta andanada ¿habrá quién se anime a aceptar este encargo en el futuro?
El tema de los linchamientos digitales plantea problemas éticos de fondo. Los linchamientos son crueles, irracionales, violentos y destructivos. Los que participan en ellos deshumanizan al objeto de su furia y se deshumanizan a sí mismos. Son lo opuesto al humanismo (y del humanismo mexicano). Los linchamientos fueron un recurso común del fascismo del siglo XX y son un activo del tecnofascismo en el XXI. Quien se suma al linchamiento de un camarada de izquierda alimenta a la derecha y se entrega a sus prácticas.
Hay quien llega a justificar los linchamientos ante la falta de justicia y legalidad. Ni en estos casos se pueden justificar, pero, además, en Morena hay organismos internos de legalidad y justicia.
La única postura ética que cabe ante un linchamiento es hacer lo posible para detenerlo. Más aún cuando se lincha a compañeras históricas del movimiento.
Por lo anterior, nos solidarizamos con Ariadna y Citlalli. Condenamos su linchamiento y exigimos que se castigue en los órganos internos a quienes participaron en él.
Además de que son bárbaros e inhumanos, los linchamientos mediáticos son un gran negocio de los consorcios de comunicación y las plataformas digitales.
Quién es quién en el linchamiento mediático
Durante décadas, los grandes medios masivos de comunicación (la televisión, la radio y los grandes rotativos) monopolizaron el debate y desde finales del siglo XX se afinaron técnicas eficaces de manipulación de la opinión pública. Los grandes consorcios mediáticos se convirtieron en poderosas maquinarias de desinformación y engaño. Detrás de las grandes campañas de odio y descrédito estaban periodistas dedicados a lanzar montajes y noticias falsas (fake news), expertos en operaciones psicológicas y los spin doctors (publicistas especializados en distorsionar y desvirtuar los temas del debate público).
La aparición de las redes sociales democratizó la información y abrió espacios para la discusión. Sin embargo, en los últimos años han empezado a proliferar en esas redes factores de manipulación y hoy están plagadas de granjas de bots, expertos en operaciones psicológicas, spin doctors, las llamadas cuentas de falsa bandera (cuentas que apoyan una causa para infiltrarse en ella y después minarla desde adentro) y cuentas anónimas al servicio de intereses políticos ocultos o que operan como empresas que viven de monetizar tendencias en Twitter (hoy X).
En fechas recientes, vimos cómo en redes sociales se infló —con millones de bots de todo el mundo— la campaña #Narcopresidenteamlo y #Narcocandidatasheinbaum. Asimismo, desde hace meses, algunos de los principales referentes y dirigentes de Morena —Hugo López-Gatell, Mario Delgado y Citlalli Hernández, entre otros— fueron blanco de campañas masivas de descrédito en redes sociales.
Los locutores que promueven los linchamientos de la izquierda suelen ser sicarios informativos muy bien pagados (como Loret de Mola). También suelen ser agentes de las embajadas yanquis o activos de la CIA. Por su lado, los youtubers que inflan los linchamientos de los dirigentes de la izquierda encubren sus andanadas con el argumento de que le dan voz al descontento de la base, pero lo cierto es que siguen las lógicas del algoritmo, monetizan la rabia y favorecen la agenda ultraderechista.
La campaña de descrédito contra el INFP
Uno de los fenómenos más extraños e inexplicables del debate en redes en torno a las coordinaciones internas de Morena es la campaña de descrédito que se desató en contra del Instituto Nacional de Formación Política de Morena (INFP).
La andanada es gratuita, porque en este proceso interno el INFP ni propuso perfiles, ni hizo campaña por nadie, ni votó por nadie. Nunca lo ha hecho.
De hecho, desde su fundación, el INFP se ha mantenido al margen de los procesos de selección interna. Jamás ha apoyado a aspirante alguno. De haberlo hecho, habría invadido funciones de otros organismos y su obligada imparcialidad hubiera quedado comprometida.
Las acusaciones que se le han hecho al INFP en este proceso son frívolas, insustanciales e insostenibles. La más recurrente es que si no hubo buenos aspirantes a cargos de coordinador, eso es culpa de nuestro instituto de formación. Esta acusación no tiene pies ni cabeza. La formación de un dirigente con posibilidades de ganar una gubernatura es un proceso social complejo que toma años, incluso décadas, y es multifactorial: implica —entre muchas otras cosas— una trayectoria impecable centrada en luchas largas, trabajo de base, ganarse la confianza de la gente, lograr el reconocimiento del pueblo, adquirir la capacidad de enfrentar a la oposición y a sus medios, adquirir el carisma suficiente para atraer el voto y tener formación política.
En nuestro movimiento, los cuadros políticos deben surgir del movimiento social, no pueden salir solamente de las escuelas de formación. La militancia ha exigido que los aspirantes pasen por un curso de formación que les dé herramientas políticas fundamentales. Este curso es importante en la medida en la que garantiza un piso de conocimientos básicos, pero no es un curso de formación de estadistas.
El INFP jamás se ha planteado la posibilidad de concentrar la formación de los aspirantes a cargos importantes de elección popular y quien diga otra cosa, miente (o que presente las pruebas). Si al INFP se le llegara a depositar la selección de los aspirantes a cargos de elección, se convertiría en un botín político clave y la formación política de la base sería puesta en riesgo.
Otra acusación frecuente contra el INFP es la de que no trabaja —o no trabaja lo suficiente. Esta acusación resulta ofensiva para los compañeros que laboran en el instituto. Además de hacer un amplio trabajo en el territorio, de mantener un Curso Introductorio (donde se han dado mil 871 cursos, con 46 mil 775 egresados), un Curso Básico (que cuenta ya con 189 mil egresados), un Curso Intermedio y uno Avanzado, y de organizar cientos de conferencias, cursos y seminarios, el INFP ha sacado adelante varias tareas que han sido fundamentales para Morena, entre ellas:
- La Consulta Nacional por el Proyecto Alternativo de Nación de 2023 (la cual se hizo con la Secretaría de Organización e implicó la realización de 60 foros de discusión en los 32 estados del país; de mil 488 asambleas y mesas de consulta en los 300 distritos electorales y el exterior. Participaron en este proceso 302 mil 644 personas y el INFP sistematizó decenas de miles de intervenciones y ponencias). Este es el debate más extenso y masivo de la historia de México y el documento que salió de esta consulta fue la base del proyecto de nación de la presidenta Claudia Sheinbaum.
- Los cursos de formación de los aspirantes a los cargos de elección popular del proceso de 2024, que tuvo más de 250 mil inscritos y 152 mil 493 egresados.
- Las 39 mil 30 capacitaciones a un millón 139 mil integrantes de las estructuras de promoción y defensa del voto. El resultado de este trabajo fueron los 987 mil representantes de casilla que defendieron el voto por Morena en la elección de 2024.
- La organización del debate nacional sobre la reforma al Poder Judicial en 2025.
- Contribuyó en todo el país a organizar las Asambleas por la Defensa de la Soberanía en 2025.
Quien acusa al INFP de no trabajar, lo hace porque no se ha acercado a nuestro instituto, por desconocimiento, por ignorancia, porque está desinformado, por mala fe… o por interés. Además, esta acusación suele venir acompañada de la versión de que nuestra escuela recibe el 50 % del presupuesto total del partido. Esta idea viene del hecho de que, en 2018, López Obrador propuso que la mitad del presupuesto de Morena se fuera a la formación política. En efecto, AMLO hizo esta propuesta, sin embargo, jamás se llevó a la práctica. Quien piense que el INFP es un botín está muy equivocado.
Estos son los datos reales de los porcentajes de las prerrogativas de Morena que han sido destinados al INFP:
En el año 2018: 0.00 %.
En el año 2019: 0.00 %.
En el año 2020: 0.35 %.
En el año 2021: 1.24 %.
En el año 2022: 2.06 %.
En el año 2023: 2.41 %.
En el año 2024: 3.67 %.
En el año 2025: 2.86 %.
De esta manera, en ocho años, el promedio histórico de las prerrogativas de Morena que han sido destinadas al INFP corresponde a: 1.57 %. El presupuesto más alto destinado al INFP corresponde al año 2024 y fue del 3.67 %. Ése es el año en el que el instituto tuvo que dar formación para la defensa del voto a más de un millón de personas a lo largo y ancho del territorio nacional.
Otra parte de la campaña está conformada por ataques directos, descalificaciones contra el director del INFP, Rafael Barajas, El Fisgón, por el caso Sergio Mayer. Barajas —quien, por cierto, no cobra un centavo por dirigir al instituto— ha decidido anexar a este texto un documento específico aclarando el caso.
El grueso de las críticas contra el INFP proviene de gente que no tiene idea de cómo funciona nuestra escuela de cuadros. En contraste, la dirección del partido y muchos de nuestros referentes nacionales —que siguen la labor del INFP— han respaldado en innumerables ocasiones su desempeño. En su libro ¡Gracias!, nuestro dirigente histórico, Andrés Manuel López Obrador, escribió:
Ahora una de las mejores cosas que ha hecho morena —y son muchas las que ha hecho bien— ha sido destinar talento y convicciones para su excepcional escuela de formación de cuadros. Enhorabuena.
Claudia Sheinbaum también ha apoyado siempre la labor del INFP. El 22 de septiembre de 2024, siendo ya presidenta electa, le presentó al VII Congreso Nacional de Morena un Decálogo que, en su punto 8, planteó la necesidad de fortalecer al instituto:
- Fortalecer la formación política: impulsar de forma constante el instituto de formación del partido para asegurar que las nuevas generaciones entiendan los ideales de izquierda.
Al lado de estos reconocimientos, las descalificaciones de anónimos y desinformados carecen de peso.
Contra la guerra cognitiva, reactivar la revolución de las conciencias
Si la guerra cognitiva tiene como campo de batalla nuestra mente, debemos dar la pelea en el terreno de las ideas y reactivar el debate.
La guerra cognitiva opera en los vacíos de nuestra formación. Los expertos en operaciones psicológicas entran en juego en nuestros puntos ciegos; en los temas que no vemos con claridad, ya sea por nuestra ignorancia, nuestro sectarismo o nuestras debilidades psicológicas y de carácter (que todos las tenemos).
Los expertos en guerra cognitiva saben explotar nuestros prejuicios, nuestra vanidad y nuestros errores de cálculo. Se mueven de maravilla entre los grupos sectarios y los que están poco formados o mal informados.
En el actual proceso de selección interna, en las redes de izquierda ha sido frecuente encontrar posturas reduccionistas. Morena tiene fuerza, pero la idea de que tiene el triunfo garantizado y que, por lo tanto, no necesita abrirse a candidatos externos ni hacer alianzas está muy errada. La noción de que el obradorismo tiene la mayoría asegurada y de que puede poner a quien sea en los puestos de elección popular y ganar los comicios en automático es soberbia, no tiene nada que ver con la realidad y resulta suicida para el movimiento. El pueblo de México está muy politizado y ya en casi todo el país practica el voto diferenciado. Si bien, a nivel nacional, la población apoya masivamente las medidas del gobierno federal, en lo local ha ejercido de manera consistente el voto de castigo contra las malas autoridades morenistas municipales.
Además, la intromisión de los aparatos de desinformación del imperio digital en los comicios de América Latina nos obliga a ser cautos y a dejar el optimismo de lado. No sabemos hasta qué punto nuestros comicios están comprometidos por los operativos cibernéticos imperiales. Tanto en las elecciones de Colombia como en las de Brasil, las encuestas ponían a la izquierda varios puntos arriba de la derecha, pero este resultado se revirtió el día de los comicios.
La oposición política interna (el MCPRIAN) está muy disminuida, pero la ultraderecha internacional está muy activa en contra de la 4T. La amenaza de una intromisión del trumpismo en los comicios de 2027 es real y la beligerancia de las redes sociales —todas aliadas a la Casa Blanca— a favor de la reacción es innegable.
Andrés Manuel López Obrador en varias ocasiones afirmó que en «política siempre hay que optar entre inconvenientes». La coyuntura nos obliga a tener una militancia que sepa leer bien la política, captar por qué se opta por un inconveniente y no por otro, y entender las estrategias y equilibrios que nos permiten mantener el proyecto. Eso también es parte de la formación política del movimiento en su conjunto.
Contra la guerra cognitiva, la revolución de las conciencias.
Firman:
Tania Arroyo, Felipe Ávila, Ángel Balderas, Rafael Barajas (El Fisgón), Armando Bartra, Fernando Buen Abad, Elvira Concheiro, Juan Manuel Contreras, Héctor Díaz-Polanco, Alina Duarte, José Gandarilla, Cristina Gómez, Epigmenio Ibarra, Oscar Lemus, Fabricio Mejía, Pedro Miguel, Blanca Montoya, David Pérez Nava, Consuelo Sánchez y Margarita Vasquez Montaño.
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