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El tren México–Querétaro: la vía eléctrica que nunca fue

El gobierno federal denuncia el abandono de infraestructura ferroviaria construida en los años 80 y planteó una nueva ruta de pasajeros ante la imposibilidad de reutilizar la vía concesionada para carga

El titular de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), Jesús Antonio Esteva Medina, expuso la paradoja que representa la vía electrificada México–Querétaro: una doble vía construida en las décadas de 1970 y 1980 con el objetivo de transportar pasajeros, pero que fue abandonada tras la privatización ferroviaria y destinada exclusivamente a carga.

Esteva detalló que la obra —iniciada a finales de los años 70 y puesta en operación a inicios de los 90— contemplaba un trayecto moderno, con catenarias, subestaciones eléctricas y estaciones en puntos estratégicos como Buenavista, Huehuetoca, Polotitlán, Tula, San Juan del Río y Querétaro.

La estación de Tula, por ejemplo, aún conserva las placas conmemorativas de su inauguración por el expresidente Miguel de la Madrid. Sin embargo, tras la privatización emprendida durante el sexenio de Ernesto Zedillo, la vía fue concesionada a empresas de carga, como Kansas City Southern —hoy Canadian Pacific Kansas City (CPKC)—, que desmantelaron la catenaria para dar paso a trenes de doble altura.

“La historia es muy clara: el Estado mexicano hizo una inversión considerable en infraestructura para transporte de pasajeros, pero la política de concesionar el servicio a privados dejó de lado cualquier posibilidad de servicio público. Hoy esa vía tiene postes sin cableado, y tramos que pudieron operar hasta 160 km/h quedaron en el abandono”, explicó Esteva.

Al respecto, la presidenta Claudia Sheinbaum calificó el caso como un símbolo de la “tragedia del neoliberalismo”, criticando tanto la privatización como la falta de visión de largo plazo:

“Es un ejemplo clarísimo de irresponsabilidad. Era una vía recién construida, con catenarias y capacidad técnica, que fue entregada a privados y luego desmantelada”.

La mandataria subrayó que, al asumir su gobierno, se evaluó si esa misma vía podía reutilizarse para el proyecto actual del tren México–Querétaro de pasajeros. No obstante, las condiciones técnicas y las restricciones de la concesión impidieron esa posibilidad. “Tiene curvas demasiado cerradas para la velocidad que queremos, además de que está concesionada. Por eso, vamos a construir una nueva vía”, dijo.

Sheinbaum aprovechó el tema para criticar promesas incumplidas de gobiernos anteriores, como la propuesta impulsada por el entonces presidente Vicente Fox y el exgobernador Ignacio Loyola Vera en 2004, que nunca se concretó. También mencionó episodios que, a su juicio, marcaron una ruptura democrática, como el desafuero de López Obrador y el fraude electoral de 2006.

En tanto, el gobierno federal ha emprendido una nueva etapa de planeación ferroviaria que contempla más de tres mil 300 kilómetros de nuevas rutas de pasajeros, con una visión distinta: priorizar el uso social de la infraestructura sobre el interés privado.

“Hoy, recorrer esas antiguas vías nos recuerda no solo el abandono físico, sino también las decisiones políticas que nos impidieron tener un sistema ferroviario moderno. Pero eso está cambiando”, concluyó Esteva.

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