Este domingo falleció en Lima a los 89 años el escritor peruano Mario Vargas Llosa, uno de los más grandes exponentes de la literatura en lengua española y figura destacada del pensamiento liberal y conservador en Iberoamérica.
La noticia fue confirmada por sus hijos Álvaro, Gonzalo y Morgana a través de un comunicado en el que informaron que, de acuerdo con su voluntad, no se realizará ceremonia pública y sus restos serán incinerados.
“Su partida entristecerá a sus parientes, a sus amigos y a sus lectores, pero esperamos que encuentren consuelo, como nosotros, en el hecho de que gozó de una vida larga, múltiple y fructífera, y deja detrás suyo una obra que lo sobrevivirá”, señalaron.
Mario Vargas Llosa fue un hombre que no sólo vivió para las letras, sino también para las ideas. A lo largo de su vida defendió con firmeza la libertad, el pensamiento crítico y el derecho del individuo a vivir sin la opresión de los autoritarismos.
Aunque en su juventud coqueteó con el marxismo, su pensamiento viró con el paso de los años hacia una firme postura liberal-conservadora, inspirada por figuras como Karl Popper y Friedrich Hayek.
Del “Boom” literario al pensamiento político
Nacido en Arequipa el 28 de marzo de 1936, Vargas Llosa formó parte del emblemático “Boom latinoamericano”, junto a autores como Gabriel García Márquez y Julio Cortázar. Pero a diferencia de muchos de sus contemporáneos, nunca escondió su desencanto con las ideologías de izquierda y fue crítico del populismo, del comunismo y del intervencionismo estatal.
Su defensa de la democracia liberal lo llevó a postularse a la presidencia del Perú en 1990, con una propuesta basada en el libre mercado y el respeto por las instituciones. Aunque perdió contra Alberto Fujimori, nunca abandonó la arena del debate público. Escribió extensamente sobre política y actualidad desde medios como El País, Le Monde y El Comercio.
Entre sus libros más emblemáticos se encuentran:
- La ciudad y los perros (1963).
- Conversación en La Catedral (1969)
- La guerra del fin del mundo (1981)
En 2010, recibió el Premio Nobel de Literatura por su “cartografía de las estructuras del poder y sus imágenes mordaces de la resistencia individual, la rebelión y la derrota”.
Además del Nobel, fue distinguido con el Premio Cervantes, el Premio Príncipe de Asturias, y fue el primer autor de lengua no francesa en ser elegido miembro de la Académie française.















