El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, defendió esta semana su acuerdo para poner fin al conflicto con Irán, en medio de crecientes críticas que califican el pacto como una “humillación” y lo comparan desfavorablemente con el acuerdo nuclear alcanzado por su predecesor, Barack Obama, en 2015.
Durante la cumbre del G7, Trump rechazó con firmeza cualquier paralelismo entre ambos tratados. “El de Obama era un camino hacia un arma nuclear”, declaró. “El mío es un muro contra un arma nuclear”, insistió. Sin embargo, el mandatario no ha publicado aún el texto completo del acuerdo, que se firmará el viernes en Suiza, lo que ha generado inquietud incluso entre legisladores republicanos.
Si bien el entendimiento allana el retorno del tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz y ha calmado los mercados petroleros, los opositores cuestionan si las concesiones ofrecidas a Teherán justifican cuatro meses de guerra, el desgaste de arsenales estadounidenses y el costo de miles de millones de dólares.
Organizaciones conservadoras como la Zionist Organization of America han manifestado su escepticismo ante la falta de detalles sobre la desmantelación de las instalaciones nucleares iraníes. Incluso el propio Obama, en una entrevista con ABC, afirmó que el nuevo pacto “no parece significativamente diferente” del que él negoció y que funcionó durante años hasta que Washington se retiró.
El vicepresidente JD Vance ha intentado defender el acuerdo, asegurando que, a diferencia del JCPOA de Obama, ahora el programa nuclear iraní “ha sido completamente destruido”. No obstante, senadores republicanos como Joni Ernst exigen un “examen exhaustivo” y el conservador National Review instó al presidente a “publicar el texto” para disipar las dudas.
Mientras tanto, los demócratas ya atacan el pacto. El senador Chris Murphy lo calificó como “la prueba contundente de que esta guerra ha sido un desastre absoluto de principio a fin”. Analistas como Brian Katulis, del Middle East Institute, señalan que el documento final podría estar lleno de vacíos, con los temas más espinosos aplazados para negociaciones futuras.















