La ceremonia de votación del Salón de la Fama del Futbol Internacional 2026 dejó mucho más que nombres ilustres y discursos protocolarios. En un evento pensado para honrar trayectorias, terminó saliendo a flote una historia de lealtades, heridas y cuentas pendientes entre tres figuras emblemáticas del periodismo deportivo mexicano.
David Faitelson tomó la palabra en uno de los momentos más emotivos de la jornada. Frente a colegas, invitados y leyendas del futbol, se dirigió a José Ramón Fernández para reconocer públicamente su influencia en su carrera. Con un tono sincero, admitió errores del pasado y expresó su deseo de cerrar cualquier distancia con quien considera su maestro.
Un cambio inesperado
Odin Ciani, también protagonista de una generación clave en los medios deportivos, intervino para recordarle a Faitelson que las disculpas, por sí solas, no siempre reparan el daño. Su mensaje fue directo: el respeto no debe limitarse a actos públicos ni a momentos solemnes, sino reflejarse en el trato cotidiano hacia colegas y colaboradores.
Más que un simple reproche, la intervención de Ciani expuso una inconformidad acumulada durante años. Habló de trabajos compartidos, esfuerzos poco reconocidos y una relación profesional marcada, según sus palabras, por desequilibrios y viejas deudas de gratitud.
El momento transformó por completo el tono del evento. Lo que parecía un acto de reconciliación entre discípulo y maestro se convirtió en una conversación incómoda sobre reconocimiento, ego y memoria dentro del periodismo deportivo.
Faitelson, lejos de evadir el momento, escuchó y reiteró su postura: asumió sus errores, insistió en su agradecimiento hacia José Ramón y aceptó que algunas decisiones del pasado siguen pesando en sus relaciones personales y profesionales.
La escena dejó claro que, incluso en los escenarios más solemnes, las historias compartidas rara vez quedan del todo resueltas. Y que en el periodismo, como en el futbol, la memoria siempre juega un papel decisivo.















