En un posicionamiento que marca coincidencias poco habituales entre oficialismo y oposición, Xóchitl Gálvez respaldó la apertura del gobierno de Claudia Sheinbaum para impulsar la producción de gas mediante fracking, al considerar que “es mejor corregir que seguir viviendo en el error”.
La excandidata presidencial reconoció que este método de extracción —basado en la perforación de rocas profundas mediante la inyección de agua, arena y químicos— es contaminante, aunque subrayó que existen tecnologías más avanzadas capaces de reducir su impacto ambiental.
Gálvez calificó el viraje como “necesario” en un contexto internacional marcado por tensiones energéticas, como la crisis derivada del cierre del Estrecho de Ormuz, que ha presionado el suministro global de gas natural. En ese escenario, dijo, México debe reducir su dependencia del extranjero.
Además, contrastó la nueva postura con la política del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien —según afirmó— rechazó el fracking por motivos ideológicos. “Como oposición debemos señalar errores, pero también reconocer aciertos”, sostuvo.
El reto: inversión y tecnología
La exsenadora advirtió que implementar el fracking en México implicaría un desafío mayor. Citó estimaciones de especialistas que plantean la perforación de entre 2 mil y 3 mil pozos, lo que requeriría un nivel de sofisticación técnica que actualmente Pemex no posee.
Para cerrar esa brecha, señaló, sería necesaria una inversión anual de entre 35 mil y 45 mil millones de dólares durante al menos una década, lo que obligaría a replantear la participación de la iniciativa privada en el sector energético.
“Si no lo hacemos, en poco tiempo, además de gas estaremos importando petróleo”, advirtió.
Aunque Gálvez insistió en que el fracking debe aplicarse con tecnología de punta para mitigar daños, su postura reabre el debate sobre los costos ambientales frente a la urgencia energética.
El giro del gobierno federal —aún en construcción— no solo implica decisiones técnicas, sino también políticas: aceptar riesgos, atraer inversión y enfrentar la resistencia social a una de las prácticas más cuestionadas en la industria energética.
En el tema del fracking sí estoy con Claudia.















