El Ejecutivo español ha formalizado este miércoles el cese de Ana María Sálomon Pérez como embajadora de España en Israel, en un movimiento que subraya el progresivo distanciamiento entre ambos países. La diplomática, que ya había sido convocada a consultas el pasado mes de septiembre, permanecía fuera de Tel Aviv desde entonces.
Aunque la figura del cese no está contemplada explícitamente en la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas, la decisión adoptada por Moncloa representa la máxima expresión del desencuentro bilateral. Fuentes oficiales vinculan esta medida al malestar del Gobierno español con la actuación de Israel en el tablero regional, especialmente en lo relativo a sus operaciones militares contra Irán y su política hacia Palestina.
La situación de Sálomon Pérez se había vuelto insostenible en términos protocolarios tras superar el medio año fuera de su sede oficial. La normativa diplomática no escrita sugiere que la ausencia prolongada de un jefe de misión conlleva, en la práctica, su relevo definitivo.
Paralelamente, la representación israelí en Madrid continúa en una situación de interinidad. Desde hace dos años, Israel mantiene a una encargada de negocios al frente de su embajada, como respuesta al reconocimiento por parte de España del Estado palestino. Aunque Tel Aviv designó posteriormente a Dana Erlich como titular de la legación, la diplomática aún no ha presentado sus cartas credenciales ante el Rey Felipe VI, lo que le impide ejercer como embajadora plena y mantiene la legación en un limbo diplomático.















