Estados Unidos despide a una de las figuras más influyentes —y complejas— del movimiento por los derechos civiles. El reverendo Jesse Jackson murió este martes 17 de febrero de 2026 a los 84 años, informó su familia, que lo recordó como un líder que dedicó su vida a los oprimidos, “los que no tienen voz y los ignorados de todo el mundo”.
Pastor bautista, estratega político y orador magnético, Jackson fue parte de la generación que transformó la indignación en poder político. En los años sesenta marchó junto a Martin Luther King Jr. y estuvo en Memphis cuando el líder fue asesinado en 1968. Aquella imagen en el balcón del motel quedó como símbolo de una época convulsa y marcó su proyección nacional.
Tras su salida en 1971 de la Southern Christian Leadership Conference, fundó Operation PUSH, antecedente de la Rainbow/PUSH Coalition, con la que impulsó una agenda de justicia racial y económica. Su apuesta fue clara: convertir la movilización social en incidencia directa dentro del sistema político.
Esa visión lo llevó a competir en las primarias demócratas de 1984 y 1988, convirtiéndose en el primer afroestadounidense con opciones reales de disputar la candidatura presidencial. No ganó, pero amplió la participación del voto negro y abrió una ruta que décadas después culminaría con la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca. Sus lágrimas en 2008, durante la victoria de Obama, fueron leídas como el cierre simbólico de un ciclo que él ayudó a iniciar.
Jackson también actuó como mediador internacional: presionó contra el apartheid en Sudáfrica y fue nombrado emisario especial para África durante la presidencia de Bill Clinton. Participó además en gestiones para liberar rehenes estadounidenses en Medio Oriente y los Balcanes.
Mensaje desde México
Tras conocerse la noticia, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, expresó su solidaridad con la familia y la comunidad estadounidense.
“Nuestro cariño y saludo a toda la comunidad en Estados Unidos y a su familia. Entonces, nuestro cariño y reconocimiento a Jessie Jackson”, declaró la mandataria.
Sheinbaum relató que tuvo la oportunidad de escucharlo en vivo durante un viaje a Nueva York, en una iglesia, donde lo describió como un extraordinario orador, pacifista y defensor de los derechos humanos y civiles en Estados Unidos.
Su figura nunca estuvo exenta de polémica. Declaraciones consideradas ofensivas en 1984 y un escándalo personal en 2001 afectaron su reputación y alimentaron críticas sobre su estilo personalista. Aun así, su peso histórico es indiscutible.















