Este martes, el presidente Donald Trump transformó el jardín sur de la Casa Blanca en una sala de exhibición temporal de Tesla, en un gesto que muchos interpretan como un claro favor a su asesor y “amigo” Elon Musk, el multimillonario CEO de la compañía de vehículos eléctricos.
Tesla llevó cinco de sus autos a la residencia presidencial y los estacionó en una entrada para que Trump los inspeccionara personalmente. Horas antes, el expresidente había anunciado en Truth Social su intención de comprar un Tesla como muestra de apoyo a Musk y a la empresa, que ha enfrentado recientes dificultades financieras.
Acompañado por Musk, Trump elogió los vehículos, calificándolos de “hermosos”, y destacó especialmente el diseño del Cybertruck, al que describió como “el más genial” que había visto. Aunque durante su campaña electoral del año pasado criticó con frecuencia los autos eléctricos, Trump aseguró a los periodistas que había escuchado comentarios positivos sobre Tesla entre sus amigos.
El expresidente incluso se sentó al volante de un sedán Model S, con Musk a su lado, y señaló que planeaba comprar uno de color rojo, cuyo precio ronda los 73,490enlaversioˊnbaˊsicay73,490enlaversioˊnbaˊsicay88,490 en la edición Plaid con tracción en las cuatro ruedas. Aunque no realizó una prueba de manejo, sugirió que lo haría en otra ocasión.
El evento, transmitido en vivo por Dan Scavino, subjefe de gabinete de la Casa Blanca, a través de X (la plataforma de Musk), generó controversia. El senador Chris Murphy, demócrata por Connecticut, criticó abiertamente la exhibición, calificándola de “corrupción” a pesar de desarrollarse a plena luz pública.
Este acto marca un giro en la imagen de Trump, quien en sus primeras semanas en el cargo ha dejado atrás el discurso populista de su primer mandato para alinearse más con los intereses de sus aliados millonarios, como Musk. Este último ha impulsado recortes de miles de empleos federales de clase media, lo que ha generado malestar entre algunos sectores de la población.
Por su parte, Tesla ha enfrentado un creciente rechazo global debido al involucramiento político de Musk, incluyendo su apoyo a partidos de ultraderecha en Europa y su influencia en la administración Trump. A pesar de esto, Trump defendió a la empresa y condenó los actos de vandalismo que han afectado sus instalaciones, afirmando que Musk es un “patriota” que no debería ser penalizado.
El evento también contrasta con la relación tensa entre Musk y la administración Biden, que en 2021 excluyó a Tesla de un evento sobre vehículos eléctricos, algo que el CEO interpretó como un desaire. Musk, quien apoyó financieramente la campaña de Trump en 2023, aprovechó la ocasión para anunciar planes de duplicar la producción de Tesla en Estados Unidos.
Aunque Trump aseguró que pagaría el vehículo con un cheque, es poco probable que tenga la oportunidad de conducirlo fuera de los límites seguros de la Casa Blanca, ya que los presidentes suelen ser transportados en limusinas blindadas con medidas de seguridad especiales.















