El 21 de octubre se informó que Brasil se opuso al ingreso de Venezuela en el grupo BRICS durante la 16ª Cumbre del bloque en Kazán, Rusia. La decisión fue tomada por el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, según confirmó el ex canciller Celso Amorim, asesor en asuntos internacionales del gobierno brasileño.
A pesar de que Venezuela había logrado un amplio consenso para su posible adhesión debido a sus estrechas relaciones con Rusia y China, Lula decidió vetar la incorporación del país sudamericano al grupo. Esta postura ha generado críticas, ya que anteriormente Lula se había mostrado a favor de la expansión del bloque y del ingreso de Venezuela, señalando que la unidad de América Latina y el fortalecimiento de los BRICS eran clave para la nueva geopolítica global.
Amorim explicó que la decisión no responde a “un juicio moral o político”, sino a la evaluación del peso político de los países solicitantes y su capacidad para contribuir a un mundo más pacífico. Sin embargo, esta postura ha sido interpretada como un giro en la política exterior de Brasil, alineándose más con la estrategia de Washington y Bruselas, que no reconocen el gobierno de Nicolás Maduro y respaldan a Edmundo González como presidente legítimo.
Este cambio de actitud de Brasil, que en el pasado también impulsó el ingreso de Argentina a los BRICS, parece estar motivado por el interés de mantener su posición como el único miembro latinoamericano del bloque, evitando contrapesos geopolíticos en la región. La participación de Venezuela en los BRICS, debido a sus fuertes lazos con Rusia y China, podría inclinar el equilibrio regional hacia una mayor multipolaridad, algo que Brasil considera incompatible con sus relaciones estratégicas con Occidente.
Con esta postura, Lula buscaría evitar conflictos con Estados Unidos y minimizar el impacto político de tener a Venezuela como aliado en el bloque, lo que podría obligar a Brasil a tomar posiciones más contrarias a Washington.
Con información de Misión Verdad















