Un grupo de migrantes cubanos, venezolanos y de otros países latinoamericanos fue trasladado desde Estados Unidos hasta África en vuelos de deportación, pese a no tener vínculos con los países a los que fueron enviados, una práctica que organizaciones defensoras de migrantes consideran especialmente preocupante por las condiciones en que se realizan.
Uno de los casos más recientes ocurrió hace aproximadamente dos semanas, cuando autoridades estadounidenses trasladaron a varios migrantes desde centros de detención hacia Liberia. De acuerdo con reportes de The Miami Herald y Reuters, algunos de los hombres se negaron a abandonar el avión después de aterrizar, luego de permanecer esposados durante el vuelo.
A los migrantes se les habría informado que, ante su negativa, serían devueltos a Estados Unidos. Sin embargo, terminaron siendo trasladados a Guinea Ecuatorial, país con un largo historial de señalamientos por violaciones a los derechos humanos.
Según los reportes, los cubanos y demás migrantes fueron llevados a un hotel y permanecieron confinados, sin información clara sobre cuánto tiempo permanecerían allí ni cuál sería su destino final.
El caso forma parte de una estrategia migratoria impulsada por la administración de Donald Trump, que ha buscado acuerdos con países de África, Asia y otras regiones para recibir a personas expulsadas de Estados Unidos que no pueden ser enviadas directamente a sus países de origen.
¿Deportación o expulsión a terceros países?
Aunque estos traslados son descritos oficialmente como deportaciones, especialistas señalan que el concepto no alcanza a explicar completamente lo que ocurre con algunos migrantes.
Aaron Reichlin-Melnick, investigador del American Immigration Council, explicó que históricamente la deportación implicaba, en la mayoría de los casos, regresar a una persona a su país de origen o al lugar desde donde ingresó a Estados Unidos. El envío a terceros países existía como una posibilidad legal, pero era considerado una excepción.
Ahora, según el especialista, la administración Trump estaría utilizando esa alternativa con mucha mayor frecuencia.
El problema no se limita al destino. Organizaciones defensoras de los derechos humanos han advertido que algunos migrantes reciben poco tiempo de aviso antes de ser trasladados, llegan sin documentos o teléfonos y pueden terminar detenidos en países donde no tienen redes familiares, dominio del idioma ni posibilidades claras de establecerse.
En el caso de los cubanos, la situación adquiere especial relevancia debido a las dificultades que Estados Unidos enfrenta para concretar determinadas expulsiones hacia Cuba y a que algunos terminan siendo enviados a países completamente ajenos a su historia migratoria.
Además, expertos recuerdan que Estados Unidos está obligado por normas nacionales e internacionales a evitar enviar a una persona a un lugar donde pueda enfrentar persecución o tortura, principio conocido como no devolución.
Para algunos defensores de los migrantes, por ello, llamar simplemente “deportación” a estos procedimientos puede ocultar la dimensión de las condiciones que enfrentan quienes son enviados a terceros países.
Un migrante cubano trasladado a África llegó incluso a describir su experiencia como un “secuestro”, al considerar que fue llevado a un país con el que no tenía ninguna relación y sin conocer con certeza qué ocurriría después.

















