Poco después de la una de la tarde, Paseo de la Reforma dejó atrás el tránsito habitual de un sábado para convertirse en un corredor de música, danza y color. Desde la Glorieta de la Diana Cazadora hasta el Monumento a la Revolución, más de mil 400 participantes recorrieron tres kilómetros en el Gran Desfile Mundialista “La pelota vuelve a casa”, ante miles de personas que siguieron el recorrido desde banquetas, camellones y glorietas.
El contingente arrancó con una representación del Juego de Pelota prehispánico. Detrás avanzaron danzantes tradicionales y una ofrenda monumental dedicada a figuras históricas del fútbol mundial, en una de las primeras postales que marcaron la jornada.
A medida que el desfile avanzaba por Reforma comenzaron a aparecer algunas de las figuras más llamativas del recorrido. Alebrijes monumentales, ajolotes, colibríes y cacomixtles se abrieron paso entre comparsas de catrinas, chinelos y caporales, mientras el público seguía cada bloque con teléfonos en mano.
La presencia de Xochimilco también tuvo un espacio destacado. Una trajinera adornada para la ocasión avanzó entre música tradicional y personajes característicos de esa alcaldía, sumándose a las representaciones de las distintas expresiones culturales de la capital.
El desfile también funcionó como una muestra de la diversidad cultural del país. Delegaciones de las 32 entidades federativas participaron con trajes típicos, bailes regionales y música en vivo. A su paso, las porras y aplausos se mezclaban con los sonidos de bandas y batucadas que acompañaron gran parte del recorrido.
Los momentos vinculados con la historia de las Copas del Mundo despertaron especial interés entre los asistentes. La imagen oficial del Mundial de 1970 volvió a aparecer sobre Reforma, mientras una representación de Pelé recordó la conquista brasileña de aquel torneo disputado en México.
Uno de los segmentos más aplaudidos fue el dedicado al Mundial Femenil de 1971. Las exjugadoras mexicanas que participaron en aquella competencia desfilaron entre gritos de reconocimiento de los asistentes, que respondieron con aplausos y cánticos desde distintos puntos de la avenida.
Más adelante llegaron las referencias a México 86, con la aparición de Pique, la mascota de aquella Copa del Mundo, así como una recreación de la célebre “Mano de Dios” atribuida a Diego Armando Maradona durante el encuentro entre Argentina e Inglaterra.
En la recta final, el desfile dejó el fútbol en segundo plano para dar paso a una estampa más ligada a la identidad de la Ciudad de México. Personajes inspirados en el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, organilleros, luchadores, pachucos y vendedores populares avanzaron entre aplausos mientras cientos de personas buscaban fotografiarlos.
El cierre estuvo a cargo de uno de los contingentes más esperados por el público. Encabezado por Sonido La Changa, el carro sonidero convirtió varios tramos de Reforma en una pista improvisada donde numerosos asistentes dejaron de observar para sumarse al baile.
El desfile concluyó frente al Monumento a la Revolución con una batucada y el paso de gigantescos globos de Quetzalcóatl y un ajolote que sobrevolaron la multitud. Tras más de una hora de recorrido, los contingentes comenzaron a dispersarse, mientras miles de personas permanecían en la zona compartiendo fotografías y comentando las escenas más llamativas de una celebración que reunió fútbol, tradición y cultura popular en las calles de la capital.


























