Una teoría nacida en los rincones más conspirativos de internet ha escalado hasta convertirse en un tema de interés para la Casa Blanca y el Congreso de Estados Unidos. Lo que comenzó como especulaciones en redes sociales y plataformas alternativas sobre la muerte o desaparición de científicos vinculados a proyectos nucleares y aeroespaciales, hoy es objeto de investigaciones oficiales en Washington.
La controversia tomó fuerza el pasado 15 de abril, cuando el periodista de Fox News, Peter Doocy, preguntó a la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, sobre reportes que señalaban la desaparición o muerte de al menos 10 científicos estadounidenses desde mediados de 2024, todos supuestamente con acceso a información clasificada. La respuesta inicial fue cautelosa, pero apenas dos días después, la administración de Donald Trump confirmó que revisaría los casos.
Poco después, la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes anunció una investigación propia. Los congresistas republicanos James Comer y Eric Burlison advirtieron que, de ser ciertos los reportes, podría tratarse de un asunto de seguridad nacional.
Sin embargo, detrás de la investigación oficial existe una historia mucho más compleja: el origen de la narrativa se encuentra en una cadena de publicaciones impulsadas por influencers, youtubers y medios alternativos especializados en teorías de conspiración, ovnis y el llamado “Estado profundo”.
Uno de los principales promotores fue Daniel Liszt, creador del canal Dark Journalist, quien en enero difundió una extensa teoría sobre la muerte del físico del MIT, Nuno Filipe Gomes Loureiro. A partir de ese caso, sugirió la existencia de un patrón de científicos eliminados por su conocimiento en áreas sensibles.
La narrativa ganó aún más fuerza cuando la influencer y escritora Jessica Reed Kraus retomó el tema en su popular boletín House Inhabit. Kraus vinculó las muertes de Loureiro y del reconocido astrónomo Carl Grillmair, insinuando posibles conexiones con investigaciones avanzadas e incluso con la eventual divulgación de vida extraterrestre.
Desde ahí, la teoría se expandió rápidamente: pasó de Substack e Instagram a tabloides como Daily Mail, luego a cadenas como Fox News y finalmente a figuras políticas y mediáticas de gran alcance, incluyendo al congresista Tim Burchett, conocido por su interés en los fenómenos aéreos no identificados.
La desaparición del general retirado William Neil McCasland, en febrero de este año, añadió combustible a las especulaciones. McCasland había sido vinculado en el pasado a investigaciones relacionadas con ovnis, lo que alimentó aún más las teorías sobre un posible encubrimiento gubernamental.
No obstante, las investigaciones preliminares y reportes periodísticos han encontrado que la mayoría de los casos tienen explicaciones individuales y no presentan evidencia de una conexión entre sí. De hecho, el propio Trump reconoció recientemente que, hasta ahora, las autoridades no han hallado indicios sólidos de un patrón coordinado.
“Hasta ahora estamos encontrando que no hay mucha conexión”, declaró el mandatario el 30 de abril, aunque aseguró que se elaborará un informe completo.
Expertos en desinformación advierten que este caso ejemplifica cómo una teoría marginal puede recorrer rápidamente el ecosistema mediático actual, impulsada por redes sociales, medios partidistas y figuras públicas, hasta instalarse en el centro del debate político.
Más allá de las conclusiones finales, el episodio pone en evidencia el creciente poder de las plataformas digitales para moldear la agenda pública y política en Estados Unidos, incluso cuando los hechos aún no respaldan las afirmaciones más extraordinarias.














