El Gobierno de México activó una nueva estrategia para evitar que el alza internacional del petróleo se traduzca en un golpe directo al bolsillo de los consumidores. La fórmula: menos comisiones, más pagos digitales y un frente común entre autoridades, bancos y empresas de vales.
El secretario de Hacienda, Édgar Amador Zamora, anunció que a partir del 1 de mayo y hasta el 31 de octubre de 2026, las gasolineras pagarán menos —o incluso nada— por aceptar pagos con tarjetas de crédito, débito y ciertos tipos de vales. La idea es sencilla: si las estaciones de servicio reducen sus costos operativos, tendrán mayor margen para contener los precios al público.
“Todos estamos poniendo de nuestra parte para proteger la economía de las familias mexicanas”, resumió el funcionario.
¿Qué cambia a partir de mayo?
La medida elimina temporalmente la llamada cuota de intercambio, que representa cerca del 80% de la comisión que los bancos cobran por transacciones con tarjeta.
- Tarjetas de débito: la comisión baja de 0.45% a 0%.
- Tarjetas de crédito: la cuota de intercambio pasa de 1% a 0%.
- Vales de red abierta: también reducen su comisión de 0.45% a 0%.
- Vales de red cerrada: tendrán un descuento de 1.10 pesos por transacción.
Para las gasolineras, esto representa un ahorro considerable por cada operación. Y aunque parezca una cifra menor por ticket, multiplicada por miles de transacciones diarias, la diferencia ya no es precisamente “cambio para el café”.
El objetivo: frenar el impacto del petróleo
La presidenta Claudia Sheinbaum explicó que el precio internacional del petróleo prácticamente se duplicó, al pasar de alrededor de 56 dólares a 110 dólares por barril tras la escalada del conflicto en Medio Oriente.
Sin la intervención gubernamental, aseguró, la gasolina magna superaría hoy los 30 pesos por litro, mientras que el diésel rondaría entre 35 y 36 pesos. Actualmente, la magna se mantiene por debajo de los 24 pesos y el diésel en torno a los 28 pesos.
Para lograrlo, el gobierno destina un apoyo fiscal de aproximadamente 2 mil 500 millones de pesos semanales, una cifra nada despreciable y que confirma que, cuando se trata del combustible, cada centavo cuenta… literalmente.
El foco principal está en el diésel, combustible esencial para el transporte de mercancías. Si su precio sube, el impacto se extiende rápidamente al costo de alimentos, insumos y prácticamente todo lo que llega por carretera.
Por ello, Sheinbaum adelantó que su administración buscará un acuerdo adicional con gasolineros para reducir aún más su precio.

Menos efectivo, más digitalización
Actualmente, el 47.4% de las compras de combustible en México todavía se realizan en efectivo. El gobierno quiere cambiar eso.
La meta es avanzar hacia una economía más digital, comenzando por gasolineras y casetas. En el futuro, el pago digital podría convertirse en la norma en estos sectores, manteniendo el efectivo disponible, pero ya no como protagonista.
El presidente de la Asociación de Bancos de México, Emilio Romano, destacó que los pagos digitales no solo reducen costos, sino que también ofrecen mayor transparencia, fortalecen la seguridad, ayudan a combatir actividades ilícitas y permiten a más personas generar historial crediticio.
Porque sí, pagar con tarjeta también puede abrir la puerta a futuros créditos. El efectivo, por muy fiel que sea, no construye historial.
Además de contener precios, la estrategia busca ampliar el acceso de los mexicanos a servicios financieros formales. La posibilidad de abrir cuentas digitales de manera remota y realizar pagos desde el celular forma parte de una agenda más amplia de inclusión financiera.
La apuesta es clara: menos efectivo circulando, más operaciones formales y una economía más transparente.
Por ahora, el mensaje del gobierno es contundente: mientras el mercado internacional presiona, en México se busca que el surtidor no sea el encargado de dar malas noticias.
















