En una conferencia de prensa conjunta en Canberra con el Primer Ministro australiano, Anthony Albanese, el Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, se refirió a la posibilidad de que su país participe en el creciente conflicto en Medio Oriente. Carney calificó la situación como una “hipótesis fundamental” y señaló que el conflicto tiene el potencial de expandirse ampliamente. “Nunca se puede descartar categóricamente la participación”, declaró Carney, añadiendo que Canadá defenderá a sus aliados “cuando tenga sentido”.
Estas declaraciones marcan un giro en el discurso de Carney en comparación con sus comentarios del fin de semana, cuando expresó su apoyo a las acciones estadounidenses en Irán tras el ataque que resultó en la muerte del líder iraní, aunque aclaró que Canadá no se involucraría directamente. En Australia, el Primer Ministro adoptó un tono más cauto, expresando su “pesar” porque las acciones en Irán parecen ser “inconsistentes con el derecho internacional” y representan un fracaso del orden internacional. Ahora, Carney hace un llamado a la desescalada y al cese de ataques contra civiles, sin retractarse de su principio de que Irán no debe tener armas nucleares.
Expertos consultados interpretan este cambio como un intento de sortear un complejo escenario diplomático. Fen Osler Hampson, de la Universidad de Carleton, sugiere que Carney está utilizando una “ambigüedad estudiada” para no irritar al presidente estadounidense Donald Trump, conocido por su carácter volátil, mientras se distancia de una guerra impopular. Hampson advierte que Trump podría utilizar el futuro del acuerdo comercial continental (CUSMA) como palanca para exigir la participación militar canadiense, especialmente en labores de patrullaje naval en el estratégico Estrecho de Ormuz.
Por su parte, Stephen Saideman, también de la Universidad de Carleton, cree que Carney está reaccionando a los “mensajes contradictorios” de Washington sobre los objetivos de la campaña, que han pasado del cambio de régimen a la pacificación. “Carney se ha dado cuenta de que los estadounidenses no saben realmente lo que hacen y quiere distanciarse”, comentó Saideman, añadiendo que Canadá probablemente desea evitar verse asociado con posibles crímenes de guerra.
La situación es aún más delicada debido a las limitadas capacidades navales de Canadá y a la ausencia de bases militares canadienses en la región. Younes Zangiabadi, del Instituto para la Paz y la Diplomacia, recordó que Teherán ya ha designado a la marina canadiense como organización terrorista, lo que convertiría a cualquier activo canadiense en un blanco potencial en la zona. A pesar de los esfuerzos declarados por Ottawa para promover la diplomacia, analistas como Roland Paris, de la Universidad de Ottawa, y el propio Hampson señalan que no hay evidencia de una mediación canadiense efectiva, ya que Canadá carece de relaciones diplomáticas formales con Irán desde 2012.
Con información de CTVNEWS















