El Kremlin mantiene conversaciones activas con las autoridades cubanas para garantizar el abastecimiento de petróleo y sus derivados a la isla, en el marco del recrudecimiento del bloqueo económico impuesto por Washington desde hace más de seis décadas. Así lo confirmó este jueves el portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov de acuerdo a información de RT.
Al ser consultado sobre los planes de Moscú de asistir energéticamente a Cuba, Peskov evitó ofrecer detalles operativos, señalando que por razones obvias no es posible ventilar públicamente esta clase de gestiones. No obstante, reiteró que la cooperación con los “amigos cubanos” se mantiene de manera permanente y se evalúan distintas vías de apoyo.
Días atrás, la Embajada rusa en La Habana había adelantado al medio Izvestia que se prepara una nueva entrega de crudo y derivados con carácter humanitario hacia la nación caribeña.
Peskov también subrayó que Rusia no busca confrontación con Estados Unidos por esta colaboración, aunque recordó que los lazos comerciales bilaterales se encuentran prácticamente extinguidos. Afirmó que la postura rusa sigue siendo favorable al diálogo constructivo y a la solución pragmática de los asuntos pendientes.
A finales de enero, Donald Trump emitió una orden ejecutiva que declaraba “emergencia nacional” ante la presunta amenaza que, según su administración, representa Cuba para la seguridad estadounidense. El documento acusa a La Habana de alinearse con naciones consideradas hostiles por EE.UU., de brindar refugio a organizaciones como Hamás y Hezbolá, y de permitir el desarrollo de capacidades militares y de inteligencia extranjeras en su territorio. Desde Cuba estas imputaciones han sido calificadas como infundadas.
Con ese argumento, se anunciaron sanciones arancelarias a los países que comercialicen petróleo con la isla, además de posibles represalias para quienes desafíen el decreto.
Trump reconoció posteriormente que su gobierno mantiene contacto con La Habana y expresó su intención de alcanzar un acuerdo con la isla, a la que describió como una nación en declive y sin el respaldo que antes le brindaba Venezuela.
En respuesta, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, tachó la medida de “fascista, criminal y genocida”, atribuyéndola a un sector que, a su juicio, ha secuestrado los intereses del pueblo estadounidense. El canciller Bruno Rodríguez, por su parte, advirtió que el panorama actual “es adverso y exigirá grandes esfuerzos” para el país.















