La captura de César Sepúlveda Arellano, alias El Botox, marca uno de los golpes más relevantes contra las redes de extorsión que mantienen bajo presión al sector agrícola de Michoacán. El presunto operador de Los Viagras fue detenido en el municipio de Buenavista, tras un operativo que puso fin a una búsqueda iniciada desde el asesinato del empresario citrícola Bernardo Bravo.
Lejos de tratarse de un delincuente aislado, Sepúlveda era considerado una pieza central dentro de Los Blancos de Troya, grupo aliado del Cártel Jalisco Nueva Generación, que controla rutas, impone cuotas por kilo de cosecha y utiliza la violencia como mecanismo de control territorial en municipios clave como Apatzingán.
El crimen de Bravo, presidente de la Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán, detonó una ola de protestas de productores que denunciaban el abandono institucional y el crecimiento de las cuotas impuestas por grupos armados. Días después, el asesinato del alcalde de Uruapan profundizó la percepción de ingobernabilidad en la región, lo que derivó en un reforzamiento de la presencia federal.
Durante ese periodo, El Botox pasó de operar en las sombras a intentar influir en la opinión pública. En videos difundidos desde zonas rurales, negó su participación en el homicidio del líder citrícola y exigió la liberación de familiares detenidos en operativos posteriores al crimen, dirigiendo mensajes incluso a la Presidencia de la República.
Las autoridades, sin embargo, lo ubicaban como responsable de una cadena de delitos que incluía extorsión sistemática, control de asociaciones locales e incluso la infiltración de grupos campesinos para identificar a productores que se resistían a pagar cuotas. En investigaciones previas, se documentó el uso de drones con explosivos para sembrar miedo entre comunidades agrícolas.
La Fiscalía de Michoacán mantenía activas varias órdenes de aprehensión en su contra y ofrecía recompensa por información que permitiera localizarlo. Además, agencias de Estados Unidos ya lo habían incluido en sanciones financieras junto con otros integrantes de Los Viagras, organización heredera de antiguas estructuras criminales surgidas tras la caída de Los Caballeros Templarios.
El debilitamiento de la célula no es reciente. En el último año fueron capturados otros operadores relevantes, lo que redujo su capacidad de fuego, aunque no su influencia en zonas productoras.
Ahora, el presunto líder enfrentará procesos por homicidio, extorsión y delincuencia organizada.