Luego de que se diera a conocer una propuesta del estado de Arizona para impulsar una planta desaladora en la región fronteriza, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, afirmó que cualquier proyecto de este tipo debe ser evaluado con estudios de impacto ambiental antes de ser aprobado.
La mandataria explicó que la tecnología para desalar agua de mar existe y permite convertirla en agua potable, aunque reconoció que se trata de un proceso costoso y que requiere gran consumo de energía, por lo que normalmente se apoya en fuentes renovables como la energía solar, además de un mantenimiento especializado.
No obstante, subrayó que el principal reto de estas plantas no es solo la producción de agua, sino el destino final de la sal que se extrae durante el proceso. Indicó que, en algunos casos, la sal puede regresarse al mar con estudios que garanticen que se disolverá sin afectar al ecosistema, pero advirtió que el Golfo de California es una zona particularmente sensible por su alta biodiversidad.
Sheinbaum destacó que el Alto Golfo de California cuenta con estatus de protección ambiental, por lo que cualquier descarga de sal podría representar riesgos para las especies marinas si no se maneja adecuadamente. Añadió que otra alternativa es procesar la sal para su uso y comercialización, ya que tiene aplicaciones industriales y no solo alimenticias.
Respecto a la propuesta impulsada por Arizona, reconoció que se trata de un proyecto de gran envergadura que contempla recursos extraordinarios y que ha llamado la atención como posible solución a un problema histórico de escasez de agua en la región fronteriza. Sin embargo, reiteró que la viabilidad del proyecto dependerá de que se resuelvan de manera responsable los impactos ambientales, especialmente en una zona con alta protección ecológica.














