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Rituales de Año Nuevo: lo que hacemos cada 31 de diciembre para que ahora sí “sea nuestro año”

Entre risas, carreras con maletas y uvas a contrarreloj, el último día del año se llena de rituales que prometen amor, dinero y un nuevo comienzo

Este 31 de diciembre, mientras el reloj avanza y la cuenta regresiva se acerca, millones de personas repiten los rituales de Año Nuevo con la firme convicción de que, ahora sí, el próximo año será mejor. No importa si se cree mucho o poquito: lo importante es no romper la tradición.

El más famoso es, sin duda, el de las 12 uvas, que se comen a toda velocidad al ritmo de las campanadas. Cada uva representa un deseo para el nuevo año, aunque casi nadie recuerda cuál era el deseo número siete cuando llega la doce.

La ropa interior de colores tampoco falla. El rojo promete amor, el amarillo dinero y el blanco paz, aunque en muchos casos la verdadera suerte es encontrarla limpia y a tiempo antes de la medianoche.

Otro clásico es el de salir corriendo con maletas para atraer viajes. Hay quienes solo dan una vuelta a la cuadra y otros que recorren media calle con tal de que el año venga con vacaciones incluidas.

En casa, la despedida incluye barrer las malas vibras, tirar agua a la calle o prender velas, todo con la intención de dejar atrás lo negativo y abrirle la puerta a lo bueno. Y para cerrar con broche de oro, nunca falta quien queme un papel con lo malo del año mientras promete que esta vez sí cumplirá sus propósitos.

Al final, más allá de la superstición, los rituales de Año Nuevo son una excusa perfecta para reír, reunirse y empezar de nuevo con optimismo. Porque si algo nos queda claro cada 31 de diciembre es que la esperanza siempre se renueva… aunque sea con uvas y calzones de colores.

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