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De la pista ecuestre a las alturas: crónica de un vuelo con la Fuerza Aérea Mexicana

Aquí te presentamos la segunda parte del detrás de cámaras del desfile militar del 16 de septiembre, ahora desde las alturas, mostrando la coordinación entre helicópteros y tropas en tierra, así como la participación histórica de la presidenta Claudia Sheinbaum como Comandante Suprema de las Fuerzas Armadas

Foto: Wing

En una nota previa, Noticias De Frente mostró la actividad vibrante en el Centro Ecuestre de la Defensa: caballos relinchando, jinetes ajustando con precisión cada detalle de sus uniformes y personal militar coordinando los últimos preparativos para el desfile del 16 de septiembre.

Esa postal fue apenas la antesala de la siguiente gran experiencia: una aventura que llevaría a los comunicadores desde la tierra firme hasta los cielos: volar en helicóptero con la Fuerza Aérea Mexicana.

La jornada comenzó en plena madrugada. Eran las tres de la mañana cuando la directora de Comunicación de Noticias De Frente, Zeltzin Juárez, se unió al resto de medios convocados en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles.

El cansancio era evidente, pero la expectativa superaba al sueño. Un café apresurado, botas de uso rudo y una mochila ligera bastaban para enfrentar lo que vendría. Desde ese momento se intuía que no sería una cobertura cualquiera, sino una experiencia única.

Antes de despegar, la disciplina militar se impuso con rigor. Los médicos de la Fuerza Aérea pasaron lista a cada periodista y realizaron exámenes clínicos minuciosos: presión arterial, reflejos pupilares, coordinación motriz, incluso pruebas de equilibrio. No todos lograron superarlos; algunas personas fueron descartados del vuelo.

El ambiente se cargó de nerviosismo, pero también de orgullo: la seguridad y la vida iban primero. Quien subía a bordo debía estar en condiciones óptimas.

El acceso al helicóptero MI-17 fue un momento electrizante. El ruido de las hélices cortando el aire hacía retumbar el pecho, la vibración metálica se sentía bajo los pies y cada paso hacia la escalinata aumentaba la adrenalina.

Al interior, el espacio era amplio, diseñado para transportar tropas, brindar ayuda humanitaria o evacuar heridos en situaciones de emergencia. Ese mismo helicóptero que tantas veces ha servido en desastres naturales ahora abriría sus puertas para una misión periodística enfocada en mostrar el desfile del 16 de septiembre desde las alturas.

¡Todos a bordo!

El despegue resultó vertiginoso. La tierra se alejó rápidamente y, en cuestión de segundos, la Ciudad de México se desplegó como si se tratara de un cuadro al óleo. Desde lo alto se distinguían las torres de Santa Fe, el famoso edificio con forma de pantalón y, más adelante, la imponente silueta del Zócalo capitalino. Fue entonces cuando la magnitud histórica se hizo evidente: abajo, la presidenta Claudia Sheinbaum encabezaba el primer desfile militar como Comandante Suprema de las Fuerzas Armadas, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar ese rol.

Las emociones se mezclaban entre el ruido ensordecedor de las hélices: nervios, asombro y orgullo. Para todos los presentes, era imposible no sentirse parte de la historia.

La vista desde el aire ofrecía una perspectiva inédita: aviones en formación perfecta, helicópteros coordinando cada maniobra y, en tierra, miles de militares marchando al compás. Un espectáculo sincronizado entre cielo y suelo, que solo puede lograrse con años de preparación.

El aterrizaje trajo consigo la calma y la oportunidad de escuchar al teniente coronel Peralta, piloto del MI-17, quien habló con serenidad sobre la relevancia de estos helicópteros en operaciones humanitarias, en el Plan DN-III, en rescates y hasta en el combate de incendios.

También destacó la preparación previa al desfile: semanas de prácticas intensas para garantizar que cada movimiento, cada vuelo y cada formación resultaran impecables.

Así, lo que comenzó con caballos e impecables uniformes en el Centro Ecuestre terminó con motores rugiendo en el cielo de la Ciudad de México.

Una cobertura que unió dos mundos distintos —la tierra y el aire— bajo un mismo propósito: mostrar la disciplina, la fuerza y la grandeza de las Fuerzas Armadas mexicanas.

Para quienes vivieron esta aventura, la experiencia no fue solo laboral, fue la confirmación de que el periodismo también se escribe con el corazón latiendo al ritmo de la adrenalina.

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