Cada 19 de septiembre, México recuerda dos de los momentos más dolorosos de su historia reciente: el terremoto de 1985, que dejó miles de muertos y una ciudad devastada, y el de 2017, que volvió a golpear a la capital y a varios estados del centro del país. Ambos sismos revelaron la vulnerabilidad de nuestras ciudades, pero también la capacidad de organización y solidaridad de la sociedad mexicana.
Este 2025, al cumplirse 40 años del primero y ocho del segundo, se realizó el segundo Simulacro Nacional.
A las 12:00 horas, la alerta sísmica sonó en todo el país, pero para fines de esta nota, nos centraremos en la Ciudad de México, en el complejo Reforma 222, donde se escenificó un operativo de rescate con la participación del Ejército, la Marina, la Cruz Roja y autoridades locales.
Y es que, fue en este punto en el que Zeltzin Juárez, directora de Comunicación de Noticias de Frente, documentó de cerca la labor de los equipos de rescate y las experiencias de quienes participaron en el simulacro.
En su cobertura, mostró cómo ingenieros zapadores de la Secretaría de Defensa Nacional, a través del Plan DN-III-E, emplean técnicas de rescate que en contextos reales pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte.
Durante el ejercicio, mostraron cómo se realizan cortes en losas de concreto para crear accesos triangulares por los que puede ingresar una persona y rescatar víctimas atrapadas. El soldado de zapadores León explicó:
“Hoy nos tocó romper una estructura colapsada con una moto trazadora. Se hacen cortes limpios que nos permiten ingresar en 15 o 20 minutos y extraer a quien esté dentro. En un desastre real, ese tiempo es vital para salvar vidas”.
El teniente Levith López, del batallón de atención a emergencias, destacó que el entrenamiento constante les permite actuar con rapidez:
“Practicamos diariamente con herramientas como el roto martillo y realizamos simulaciones de extracción vehicular. El tiempo aproximado para liberar a una persona atrapada en un auto es de 30 a 40 minutos, pero todo depende del daño en la estructura”.
Estuvimos con el Batallón de Atención a Emergencias de la @Defensamx1, ayer en el #SimulacroNacional2025 , el Soldado León del cuerpo de Ingenieros Zapadores me contó de su última experiencia en un siniestro real 🙏🏻🫡👇🏻
¡Al rescate!
El simulacro también incluyó la participación de binomios caninos, entre ellos, destaca “Ambicioso” (presentado por El cabo Cecilio), un perro de seis años entrenado en búsqueda de personas vivas y fallecidas:
“Su labor es fundamental. Él detecta con el olfato y nos indica con ladridos si hay víctimas bajo los escombros. Hemos trabajado en casos reales, como la desaparición de personas en zonas de difícil acceso”.
Junto al despliegue técnico, hubo espacio para la memoria ciudadana. Una mujer que vivió el sismo de 1985 desde la colonia San Rafael recordó el desconcierto de aquella mañana:
“No sabíamos nada de protocolos. Solo bajamos corriendo. La gente gritaba, las escaleras se movían como si fueran de papel. Después entendí que lo más importante es mantener la calma para ayudar a otros”.
Otro ciudadano recordó el ambiente de miedo tras el terremoto de 2017:
“La gente no quería regresar a los edificios. Hubo meses de temor, pero también vimos cómo miles de personas se volcaron a ayudar”.
Los especialistas coinciden en que la gran diferencia entre 1985 y 2017 fue la tecnología: en el primero, el apoyo ciudadano fue espontáneo, sin información ni protocolos claros; en el segundo, la alerta sísmica, los simulacros y la capacitación previa permitieron una respuesta más organizada.
El Simulacro Nacional 2025 no solo buscó probar la capacidad de respuesta institucional, sino también recordar a la ciudadanía que estar preparados salva vidas. Ensayar protocolos, atender la alarma y mantener la calma son pasos que pueden marcar la diferencia en un país donde la tierra, cada tanto, nos recuerda su fuerza.
















