De Viaje

El arte comestible de México: más que tortilla y queso

Cada región del país ofrece platillos únicos, desde los moles de Oaxaca hasta la cochinita pibil de Yucatán, reflejando identidad, historia y creatividad

Un fragmento de un chiste de stand-up dice: “¿Cómo le explicas la comida mexicana a un extranjero… tortilla con salsa, frijoles, queso crema…?”. Y, aunque esa descripción refleja solo una pequeña parte de nuestros platillos, como las famosas garnachas, la verdadera gastronomía mexicana es mucho más que eso. Es un universo de sabores, colores, técnicas e historia que han hecho de nuestra cocina un orgullo nacional y un tesoro reconocido a nivel mundial por la UNESCO.

Y es que, a veces, los chistes simplifican la realidad hasta volverla irreconocible. Decir que la comida mexicana se reduce a unos pocos ingredientes es pasar por alto siglos de historia, tradición y creatividad que hacen de esta cocina una de las más ricas y diversas del mundo.

Cada platillo es un viaje a través del tiempo y del territorio, una conexión con familias, comunidades y culturas que han transmitido sus secretos de generación en generación.

Raíces prehispánicas

La gastronomía mexicana tiene sus raíces en las civilizaciones mesoamericanas, que cultivaban maíz, frijol, chile, calabaza, cacao, jitomate y amaranto. Estos ingredientes formaban parte de la milpa, un sistema agrícola sostenible que aún hoy alimenta a millones.

Técnicas como la nixtamalización, desarrollada hace miles de años, permiten transformar el maíz en tortillas y tamales nutritivos, esenciales en la dieta mexicana.

Cada región de nuestro país es un mundo culinario:

  • Oaxaca: cuna de los siete moles, con combinaciones de hasta 30 ingredientes.
  • Yucatán: la cochinita pibil y el uso del achiote reflejan la fusión de tradición maya y sabores únicos.
  • Veracruz y Sinaloa: el mar ofrece mariscos frescos preparados con influencias africanas, caribeñas y europeas.
  • Ciudad de México y centro del país: donde la innovación urbana se mezcla con tradiciones regionales, como los tacos al pastor.

La comida mexicana no es solo un acto de comer; es ritual y celebración. Pan de muerto, tamales y mole son ejemplos de platillos que se consumen en festividades y transmiten historia y valores culturales.

Reconociendo esta riqueza, la UNESCO declaró en 2010 a la comida mexicana Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, valorando no solo los sabores, sino también la tradición y la transmisión de saberes.

Dicho nombramiento lo debemos, en parte, al estado de Michoacán, donde las cocineras tradicionales son pilares fundamentales de la gastronomía nacional.

Mujeres que han heredado recetas de generación en generación y que mantienen vivas técnicas ancestrales. Su conocimiento abarca desde la preparación de platillos emblemáticos como las carnitas, el atole, las corundas y los uchepos, hasta la transmisión de valores culturales y comunitarios. La UNESCO reconoce a estas cocineras como custodias de un patrimonio vivo, cuya labor ha sido esencial para que la cocina mexicana sea declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Por ello, reducir la gastronomía mexicana a “tortilla con salsa” es ignorar siglos de creatividad y diversidad. Cada ingrediente, receta y platillo es un homenaje a la historia de un país que ha transformado su herencia en arte comestible y patrimonio universal.

Así que ya lo sabes: la próxima vez que alguien te pregunte qué es la comida mexicana, olvida el chiste y siéntete orgulloso. Nuestra cocina no solo es deliciosa, es historia, tradición y patrimonio mundial que merece ser celebrada en cada plato.