Hulk Hogan, el hombre que transformó la lucha libre profesional en un espectáculo de masas y símbolo del entretenimiento estadounidense, falleció a los 71 años tras sufrir un paro cardíaco en su residencia de Florida. La noticia fue confirmada por la WWE, organización que lo llevó a convertirse en leyenda y cuya expansión global no se entendería sin su figura.
Nacido como Terry Bollea, Hogan no solo dominó el cuadrilátero durante los años 80 y 90: fue un fenómeno mediático. Su imagen —camiseta desgarrada, bandana amarilla y músculos descomunales— se volvió inseparable de los slogans de la época: “Say your prayers, take your vitamins” (“Reza y toma tus vitaminas”), decía con voz rugiente frente a millones de fanáticos.
Más allá del ring, su fama lo llevó a protagonizar películas, programas de televisión e incontables campañas comerciales. Sus rivalidades con gigantes como André The Giant o “Macho Man” Randy Savage definieron la llamada “Era Dorada” de la lucha libre, cuando la WWE (entonces WWF) se consolidó como una de las marcas de entretenimiento más poderosas del mundo.
Sin embargo, no todo fue gloria. En 2015, su imagen pública se derrumbó al revelarse una grabación con comentarios racistas, por lo que fue temporalmente expulsado del Salón de la Fama de la WWE. Y años antes, su demanda contra el sitio Gawker por la publicación de un video íntimo acabó con la bancarrota del medio, marcando un hito legal en debates sobre privacidad y libertad de prensa.
La WWE expresó en redes sociales su pesar por la muerte de Hogan, a quien calificó como “una de las figuras más reconocidas de la cultura pop”. También lo hicieron miles de fanáticos en todo el mundo, recordando con nostalgia las épocas en que la lucha libre no solo se veía, se vivía.