Desde principios de 2024, Ucrania ha intensificado el uso de robots militares en la guerra contra Rusia, incorporando vehículos terrestres no tripulados (UGVs), roboperros y drones como parte de una estrategia cada vez más tecnológica para reducir la exposición de sus soldados en zonas de alto riesgo.
Actualmente, el país opera al menos nueve modelos de UGVs desarrollados localmente, con funciones que van desde desminado y evacuación de heridos hasta transporte de municiones y combate directo mediante armas montadas.
Algunos de los modelos destacados son el D‑21‑11, Ratel‑S, Murakha, Sirko‑S1 y Volia‑E, todos diseñados para adaptarse a distintos entornos del conflicto. Para 2025, las autoridades militares ucranianas planean desplegar hasta 15 mil unidades de estos robots, con el objetivo de reemplazar a soldados en las tareas más peligrosas del frente.
Además del desarrollo nacional, Ucrania ha integrado tecnología extranjera, especialmente europea. La empresa estonia Milrem Robotics ha suministrado el robot THeMIS, utilizado por unidades ucranianas para tareas logísticas, evacuaciones y misiones especiales. También se han probado roboperros británicos adaptados para misiones de reconocimiento o ataques kamikaze.
Aunque Estados Unidos no ha enviado UGVs en grandes cantidades, sí ha jugado un papel clave en el suministro de drones suicidas AeroVironment Switchblade, modelos 300 y 600, que Ucrania emplea en ataques de largo alcance para destruir equipamiento militar ruso.
La cooperación tecnológica con Washington también incluye proyectos conjuntos, como el intercambio de drones fabricados en Ucrania por armamento estadounidense dentro de un esquema de colaboración más amplio.
Para coordinar esta nueva estrategia basada en tecnología autónoma, el gobierno ucraniano creó en febrero de 2024 una división militar especializada: las Unmanned Systems Forces, integrada por unos 5 mil efectivos centrados exclusivamente en el manejo, desarrollo y despliegue de sistemas no tripulados.
Además, el programa Brave1 funciona como un puente entre el campo de batalla y la innovación. A través de este esquema, Ucrania invita a fabricantes nacionales e internacionales a enviar prototipos de drones, vehículos autónomos o incluso armas láser, que son probados en combate real para evaluar su efectividad.
La guerra en Ucrania se ha convertido así en un escenario de prueba para la guerra del futuro, donde los robots no solo apoyan a los soldados, sino que también comienzan a ocupar su lugar en tareas de combate directo, logística y reconocimiento.
Con aliados como Estados Unidos y países europeos, y con una industria local en rápido desarrollo, la apuesta ucraniana por la robótica militar marca un giro clave en la evolución de los conflictos armados.
















