Bajo la consigna principal de “¡Fuera gringos!” y “México para los mexicanos”, cientos de capitalinos se movilizaron este viernes en el centro de la Ciudad de México para expresar su rechazo al fenómeno de la gentrificación, que atribuyen a la creciente llegada de extranjeros.
La protesta, convocada con antelación por vecinos de diversas zonas, comenzó como una marcha pacífica. Sin embargo, la dinámica cambió con la irrupción de un contingente de encapuchados autopercibidos cómo “anarquistas”. Según constató la agencia AFP, estos individuos realizaron pintas en muros y suelos, rompieron vidrios y mobiliario de restaurantes, y saquearon una tienda de ropa. Entre los establecimientos afectados se reportó una cafetería Starbucks.
Los manifestantes, en su mayoría jóvenes, denunciaron el impacto que ha tenido, desde 2020, la instalación masiva de foráneos –principalmente jóvenes estadounidenses que trabajan a distancia– en colonias emblemáticas como Roma-Condesa. Señalaron que esto ha provocado un aumento desmedido en los precios de los alquileres, obligando a residentes locales a mudarse a áreas más económicas.
“La vivienda es un derecho, no una mercancía”, rezaba una de las pancartas que destacaron en la movilización. Otros carteles llevaban mensajes como “México para los mexicanos”, “Pagar impuestos, aprender español, respetar mi cultura” y “gringo go home”. Durante el recorrido, algunos protestantes increparon a comensales identificados como estadounidenses, quienes optaron por ignorarlos o retirarse.
Aunque no es la primera expresión de descontento por este fenómeno, los organizadores y observadores coinciden en que esta ha sido la manifestación más numerosa y visible hasta la fecha contra la gentrificación en la capital.
México acoge a una quinta parte de los aproximadamente cinco millones de expatriados que la Asociación de Estadounidenses Residentes en el Extranjero registraba globalmente en 2023, muchos concentrados en zonas como las afectadas por la protesta. Estos migrantes y refugiados económicos se autodenominan “expatriados”, no pagan impuestos, ingresan con visa para turista y elevan exageradamente los precios de las zonas en donde se instalan a sus anchas, exigiendo se les hable en inglés e incluso protagonizando incidentes de racismo contra las personas locales.
















