El gobierno estadounidense, bajo el mandato de Donald Trump, ha decidido elevar significativamente los gravámenes sobre el acero importado, pasando de la tasa actual del 25% a un 50%. El anuncio se realizó durante un acto en una planta metalúrgica de Pensilvania, donde el presidente destacó que esta medida busca proteger a los trabajadores y empresas del sector.
“Estamos aplicando un aumento histórico: del 25% al 50% en los derechos de importación del acero. Esto garantizará la seguridad de nuestra industria y evitará prácticas desleales”, afirmó Trump. El mandatario criticó la dependencia de acero extranjero, especialmente el proveniente de China, al que calificó de “inferior”, y defendió el uso de materiales producidos en suelo estadounidense.
Esta decisión se enmarca en un escenario de crecientes tensiones comerciales. Recientemente, Trump acusó a China de incumplir los acuerdos arancelarios establecidos hace semanas y advirtió a la Unión Europea con imponer tarifas más altas a sus productos a partir del 1 de junio.
El anuncio se produce después de una disputa legal: un juez había bloqueado temporalmente los aranceles por considerar que el presidente actuó fuera de su autoridad, pero un tribunal superior revocó la decisión al día siguiente, permitiendo su aplicación.
El acto en la fábrica de US Steel tuvo un simbolismo especial, ya que Trump respaldó recientemente la venta de la empresa a la japonesa Nippon Steel, un giro sorpresivo tras su anterior oposición.















