Durante la conferencia matutina en Palacio Nacional, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, informó que Rosa Icela Rodríguez, titular de la Secretaría de Gobernación, asistirá en representación del Gobierno de México a los funerales del Papa Francisco, los cuales se celebrarán próximamente en el Vaticano.
“Vamos a enviar a Rosa Icela Rodríguez como representante del Gobierno de México, va a ir la secretaria de Gobernación en nuestra representación”, expresó Sheinbaum al ser cuestionada sobre la delegación mexicana que participará en las ceremonias fúnebres.
La mandataria también dedicó unas palabras al legado del Papa Francisco, a quien describió como un líder profundamente humanista, cercano a los más vulnerables, y promotor de la paz y la austeridad.
“Su pensamiento humanista, muy progresista, en el sentido de acercarse siempre al más humilde, al pobre, al olvidado. Hizo un llamado al mundo entero a la construcción de la paz”, expresó.
El legado del Papa
Por otra parte, se presentó una semblanza del Papa Francisco, destacando su papel como un pontífice que eligió caminar al lado de los más desfavorecidos. El primer Papa latinoamericano, nacido en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936, fue hijo de migrantes piamonteses.
Desde su elección como líder de la Iglesia católica, Francisco denunció con firmeza las injusticias sociales, el deterioro ambiental y la desigualdad provocada por modelos económicos excluyentes.
En uno de sus últimos mensajes antes de fallecer el 21 de abril, llamó a quienes ostentan el poder político a no ceder al miedo ni a la indiferencia, y a utilizar los recursos disponibles para combatir el hambre, impulsar el desarrollo y construir la paz.
“Estas son las verdaderas armas de la paz, las que construyen futuro en lugar de sembrar muerte”, afirmó.
Durante su pontificado, Francisco criticó el neoliberalismo y advirtió sobre sus efectos en la inequidad social. En Bolivia, en 2015, pidió perdón no solo por las ofensas de la Iglesia, sino por los crímenes cometidos contra los pueblos originarios durante la conquista.
Un año después, en su visita a México, fue contundente al dirigirse a la clase política reunida en Palacio Nacional, apelando a la construcción de una política “auténticamente humana”.
En San Cristóbal de las Casas, reconoció la sabiduría ancestral de los pueblos indígenas y lamentó que sus valores hayan sido históricamente ignorados o despreciados.
Finalmente, en Ciudad Juárez, celebró una misa frente al muro fronterizo con Estados Unidos, donde envió un mensaje claro: “Las y los migrantes son hermanos y hermanas que salen expulsados por la pobreza y la violencia”.
“Nos hizo ver que en la guerra no se apunta a un objetivo, sino a personas con alma y dignidad”, concluyó la semblanza presentada esta mañana.
















