Este miércoles la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), confirmó que la sede para el Mundial de Fútbol 2034 será Arabia Saudita, nación conocida por aplicar duras medidas punitivas contra la homosexualidad.
Las leyes saudíes basadas en el Corán, prohíben la homosexualidad y cualquiera de sus expresiones, como el travestismo. El castigo por ser sorprendido en el acto homosexual puede ir desde recibir 100 latigazos, cadena perpetua e incluso la muerte.
Aunque la Federación Inglesa de Fútbol (FA), aseguró que los aficionados gays que decidan asistir al campeonato mundial estarán seguros y son incluso bienvenidos, no existen garantías de seguridad para que los trabajadores de la construcción, migrantes que llegarán a Arabia Saudita para levantar los estadios y otras infraestructuras.
En otras ocasiones, Arabia Saudita ha aplicado sus leyes homofóbicas contra estos migrantes. Muchos de ellos son sorprendidos cometiendo “conductas homosexuales”, a veces sin identificarse como tales, pues pasan meses alejados de sus hogares, sin la posibilidad de convivir con mujeres.
Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, han alertado de la situación y también han protestado ante la decisión de la FIFA de entregar sedes del mundial a países con políticas que ponen en riesgo el ejercicio de las libertades y los derechos humanos.
Para los expertos en política internacional, la elección de países como Qatar o Arabia Saudita, además de la “trisede” España, Portugal y Marruecos, para el año 2030, son una muestra absoluta de la gran influencia del mundo musulman en el deporte, una puerta de entrada para incrementar su poderío.















