El presidente electo de los EEUU, Donald Trump, lanzó una controvertida mecánica para sortear las entradas a la ceremonia de investidura presidencial que ocurrirá en enero próximo.
A través de un mensaje de texto, invita a sus seguidores a comprar boletos con un valor unitario de 47 dólares. Con estos boletos se tiene derecho a participar en un sorteo de las entradas a la investidura presidencial de Trump, que se llevará a cabo el 20 de enero de 2025 en Washington, D.C.
El mensaje de texto está acompañado de un link para iniciar el proceso de compra que culmina con la entrega de una Tarjeta Metal Oro Trump con la cual se entra a la rifa de lugares para la ceremonia.
A nadie sorprende las prácticas hipercapitalistas del multimillonario Donald Trump, un hombre que lo ha monetizado todo, desde bienes raíces, su participación en el reality show “El Aprendiz” e incluso su propia vida privada, con la que no vacila en vender al mejor postor.
Make America Great Again Inc, la recaudadora de fondos oficial de Trump, organizó una cena de gala la próxima semana, en Florida. El boleto por persona para esa cena a la que acudirá el próximo presidente de los EEUU, cuesta un millón de dólares, según información del Washington Post. Además de cenar y convivir con Trump el 19 de diciembre, recibirán una entrada preferencial para la investidura en la capital estadounidense.
Literalmente Trump está haciendo de la presidencia su “minita de oro”; además de las camisetas, gorras y todo tipo de artículos de memorabilia, el líder republicano también vende el popular “calzado oficial Donald Trump”, un par de tenis color dorado a 200 dólares.
Hay mercado para todos y todas las seguidoras del magnate. Por ejemplo, también se oferta la “Biblia Dios Bendiga a Estados Unidos” de Trump, disponible por sólo 59.99 dólares. O si lo prefieren, por mil dólares pueden conseguir una copia de la Biblia con el autógrafo de Donald Trump. Las biblias “ordinarias” pueden costar 7 dólares.
¿Trump detendrá su monetización cuando llegue a la Casa Blanca?. A diferencia de su primer periodo al frente del Gobierno, en esta ocasión no se ha comprometido a dejar sus negocios privados mientras esté en el puesto más alto de la política estadounidense.















