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La UE propone a Canadá como su primer socio estratégico ante conflicto con Washington

Ursula Von der Leyen propone una alianza sin precedentes con Ottawa mientras la guerra comercial con Estados Unidos empuja a ambos bloques a buscar nuevas formas de cooperación.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sorprendió este miércoles al proponer que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea, una figura inexistente hasta ahora y diseñada para responder al creciente deterioro de las relaciones transatlánticas con Estados Unidos.

“En este nuevo escenario mundial, debemos repensar con urgencia nuestras alianzas y tejer coaliciones globales que refuercen nuestra resiliencia y nuestras democracias”, declaró Von der Leyen durante su discurso sobre el estado de la Unión en Estrasburgo, con el primer ministro canadiense, Mark Carney, presente entre los asistentes.

La propuesta busca elevar la relación entre Bruselas y Ottawa “al nivel más alto posible”, según la propia Von der Leyen, quien detalló planes de cooperación en fabricación inteligente, tecnología, defensa, ciberseguridad e inteligencia artificial, además de energía, minerales críticos y baterías.

Canadá, sumido en una guerra comercial con su principal socio histórico, Estados Unidos, ve con buenos ojos un acercamiento a Europa. Donald Trump ha insistido en repetidas ocasiones en que Canadá debería convertirse en el estado número 51 de EE.UU., una idea que Carney ha rechazado de plano. De hecho, el primer ministro canadiense ha calificado a su país como “el más europeo de los países no europeos” y busca lo que él mismo ha denominado una “alianza única con la Unión Europea”.

Carney fue recibido con una ovación de pie por los legisladores europeos y tiene previsto intervenir ante el Parlamento Europeo este jueves.

¿Qué implicaría esta asociación?

No se han hecho públicos los detalles concretos de cómo funcionaría la figura del “miembro asociado”, ni está claro que los 27 países de la UE respalden la idea. Sin embargo, según informaciones del Wall Street Journal, entre los temas que ya se barajan entre funcionarios europeos y canadienses figuran la reducción de barreras comerciales, el tendido de cables submarinos que conecten ambos territorios, la reorientación de gasoductos para que Europa acceda al gas canadiense, la construcción de infraestructura tecnológica y de inteligencia artificial, e incluso la posibilidad de que los canadienses puedan vivir y trabajar en Europa sin visado.

Canadá comparte con Europa profundos lazos históricos y culturales, así como un modelo de democracia parlamentaria, sanidad universal y bienestar social similar al europeo. Incluso comparte una pequeña frontera terrestre con Dinamarca en la isla de Hans, frente a la costa noroeste de Groenlandia. El obstáculo evidente es geográfico: Canadá no está en Europa, y el proceso de adhesión formal exige unanimidad de los 27 Estados miembros.

Por eso, la fórmula del “miembro asociado” permitiría una relación sin precedentes para un país fuera del continente, tomando como referencia acuerdos como los de Noruega o Suiza, que no son miembros formales pero colaboran estrechamente con el bloque.

Una relación comercial ya sólida

La UE es el segundo socio comercial más importante de Canadá. El intercambio bilateral de bienes y servicios alcanzó los 130.800 millones de euros (unos 151.000 millones de dólares) el año pasado, un 80% más que hace una década. Europa exporta principalmente automóviles, maquinaria y productos farmacéuticos, mientras que Canadá envía petróleo crudo, fertilizantes, minerales críticos y metales básicos.

Antes del discurso de Carney, el Parlamento Europeo anunció la apertura de una nueva oficina satélite en Ottawa para “profundizar el diálogo político y la cooperación con Canadá”.

Apoyos y reticencias

La idea de que Canadá se una de algún modo a la UE no es nueva. El presidente de Finlandia, Alexander Stubb, llegó a describirla como “un matrimonio hecho en el cielo” y preguntó: “¿No sería maravilloso que Canadá fuera el estado número 28 de la Unión Europea en lugar del estado número 51 de Estados Unidos?”. El ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, también se mostró abierto a la posibilidad.

No obstante, diez Estados miembros aún no han ratificado el acuerdo comercial firmado en 2016, lo que evidencia que el respaldo no es unánime.

En Canadá, una encuesta reciente de Abacus Data reveló que cerca del 80% de los canadienses apoya profundizar la cooperación con la UE en política exterior, defensa y economía, y un 49% respaldaría la adhesión plena. El líder de la oposición conservadora, Pierre Poilievre, se mostró crítico: “Jamás seremos el estado número 51 de EE.UU. Y jamás seremos el estado número 28 de la UE”.

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