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¿Dónde termina la fiesta? Los festejos por México que cruzaron la línea

Los festejos por los triunfos de la Selección Mexicana durante el Mundial han dejado imágenes de alegría, pero también accidentes, actos de violencia, discriminación y daños al espacio público

Foto: Diseño Editorial Digital

La euforia por los triunfos de la Selección Mexicana ha llenado plazas, fan fest y calles de todo el país. Miles de personas han salido a celebrar con banderas, cánticos y caravanas de autos. Sin embargo, en los últimos días la fiesta también ha dejado una pregunta inevitable: ¿en qué momento un festejo deja de ser celebración para convertirse en un riesgo?

Los incidentes registrados durante el Mundial muestran un patrón preocupante. Lo que comenzó como muestras de entusiasmo ha derivado, en algunos casos, en conductas que ponen en peligro a otras personas.

Uno de los casos más graves ocurrió en Cabo San Lucas, donde un conductor que quedó atrapado entre una multitud que bloqueaba el paso terminó atropellando a varias personas. El saldo fue de al menos 17 lesionados y posteriormente el automovilista fue golpeado por la propia multitud. Las autoridades reconocieron que los operativos de seguridad fueron insuficientes y ahora analizan cierres viales para evitar que una tragedia similar vuelva a repetirse.

Pero no ha sido un hecho aislado. En distintas ciudades se han viralizado videos de aficionados sacudiendo vehículos, bloqueando avenidas o rodeando automóviles con familias a bordo, una práctica que puede provocar reacciones desesperadas y consecuencias impredecibles.

A ello se suman otros episodios que también encendieron las alarmas. En Guadalajara, un hombre sufrió una grave lesión en la cabeza tras caer cuando era lanzado por los aires durante un festejo entre aficionados. En redes sociales, lejos de generar empatía, el video abrió un debate sobre la normalización de este tipo de conductas.

¿Falta de educación?

La celebración también ha exhibido otro problema: la falta de respeto hacia visitantes extranjeros.

En días recientes se hicieron virales actos considerados racistas, como el de un aficionado mexicano que realizó un gesto ofensivo contra una influencer surcoreana durante un partido en Guadalajara. Tras la indignación, el hombre ofreció una disculpa pública y renunció al cargo que ocupaba en un colegio de ingenieros de Jalisco.

A ello se sumó otro caso ampliamente difundido en redes, donde un creador de contenido fue criticado por vaciar cerveza sobre una joven extranjera durante un festejo, una acción presentada como “broma”, pero que muchos usuarios calificaron como una agresión y una falta de respeto.

La otra cara de la celebración

Los festejos no solo han dejado personas lesionadas, actos de violencia y conductas discriminatorias. También han significado un costo para las ciudades anfitrionas.

Tan solo en la Ciudad de México, después del triunfo ante Corea del Sur, autoridades retiraron alrededor de 40 toneladas de basura de Paseo de la Reforma, el Ángel de la Independencia y el Centro Histórico. Botellas, latas, envases y otros residuos obligaron a desplegar brigadas especiales de limpieza para recuperar los espacios públicos. 

En respuesta a los desmanes registrados durante las primeras celebraciones, el Gobierno capitalino implementó medidas extraordinarias para los siguientes partidos: Ley Seca en la zona centro, un operativo con 4 mil policías, regulación del comercio ambulante y la instalación de pantallas en distintos puntos de la ciudad para evitar concentraciones masivas en un solo lugar. 

La imagen contrasta con la de los aficionados japoneses, quienes nuevamente dieron la vuelta al mundo al permanecer en los estadios para recoger la basura que ellos mismos generaron. Un gesto sencillo que demuestra que la pasión por el futbol también puede expresarse con respeto hacia el espacio público y hacia quienes compartirán ese lugar después. 

Un gol puede unir a un país, pero también pone a prueba su cultura cívica. El Mundial no solo se juega en la cancha; también se juega en las calles, en la manera en que se trata a los visitantes, en el respeto a las normas y en la forma en que cada aficionado decide celebrar. Porque la mejor victoria será que, cuando termine la fiesta, no queden heridos, actos de discriminación ni toneladas de basura como recuerdo del triunfo.

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