La crisis del fentanilo en Estados Unidos ha sido atribuida en gran medida a México, pero los datos muestran una realidad mucho más compleja.
Aunque el tráfico de drogas es un problema compartido, es importante analizar el origen del consumo y la forma en que este opioide sintético se ha esparcido en el país norteamericano.
Así lo afirmó esta mañana la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, quien explicó que uno de los factores clave en la crisis de los opioides en Estados Unidos es el uso desmedido de medicamentos como la oxicodona, un opiáceo aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) para el tratamiento del dolor.
La oxicodona fue promovida masivamente en el país y distribuida en farmacias con prescripción médica, lo que llevó a una adicción generalizada entre los consumidores.
La falta de regulación efectiva y los conflictos de interés en la autorización de este medicamento permitieron que muchas personas con dolores leves recibieran opiáceos en lugar de analgésicos menos adictivos. Esto provocó que un gran número de pacientes desarrollara dependencia a estas sustancias, lo que sentó las bases para la crisis actual.
La responsabilidad de Estados Unidos
Si bien es cierto que el tráfico de fentanilo desde México hacia Estados Unidos es un problema serio, no es el único factor que ha impulsado la crisis.
Datos del Instituto Cato, con información obtenida bajo la Ley de Libertad de Información, revelan que el 80% de las personas detenidas en puertos de entrada de Estados Unidos con fentanilo entre 2019 y 2024 eran ciudadanos estadounidenses.
Lo anterior desmiente la creencia de que la crisis del fentanilo está directamente relacionada con la migración o que los responsables son en su mayoría extranjeros.
Además, los precursores químicos utilizados para la fabricación del fentanilo no provienen exclusivamente de México, sino que también ingresan directamente a Estados Unidos por sus propios puertos.
La producción, comercialización y distribución de estas sustancias dentro del país está en gran medida controlada por redes criminales locales, lo que demuestra que el problema no se puede achacar únicamente a México.
“Es fundamental que ambos países asuman su responsabilidad y trabajen en conjunto para abordar el problema de manera efectiva. La coordinación en materia de seguridad y salud pública es clave para reducir el impacto del fentanilo en la población. En lugar de señalar culpables, es necesario fortalecer la cooperación y la integración económica para enfrentar este desafío de manera conjunta”, finalizó la presidenta.















