Opinión

La guerra del limón

Violencia en las zonas donde se cultiva el limón en México.

Fuente: Pixabay

Pese al despliegue de fuerzas policiales de los tres órdenes de gobierno en la zona de la Tierra Caliente en Michoacán, específicamente en donde se cultiva limón, los ataques del crimen organizado no cesan. Esta semana tres cortadores fueron privados de la libertad y sus cuerpos encontrados en Tepalcatepec, degollados.

Desde el operativo táctico para garantizar el corte y empaque del cítrico, hasta la presencia de decenas de vehículos de la Sedena, Guardia Nacional y Guardia Civil, no han logrado frenar las represalias en contra de quienes se niegan a pagar cuota por trabajar.

Las zonas boscosas y brechas facilitan a los perpetradores la ejecución de los ataques; en el conocimiento del campo, le llevan ventaja a los uniformados.

También el pasado lunes, en La Ruana, municipio de Buenavista Tomatlán, fueron lanzados artefactos explosivos desde drones, los cuales cayeron a unos metros donde se encontraba presente Guadalupe Mora, hermano del ex líder de las autodefensas, Hipólito Mora, muerto durante una emboscada apenas el 29 de junio pasado. Se sospecha que el ataque iba dirigido contra él, luego de las denuncias públicas que viene realizando en contra de los extorsionadores de limoneros.

Lupe Mora y civiles de la zona han llegado a realizar llamados para retomar las armas – como lo hizo Hipólito en 2013 -, mientras que el Estado advierte que no permitirá el resurgimiento de autodefensas y asegura que se están empleando todos los recursos disponibles para controlar la situación a fin de que las actividades agroindustriales puedan llevarse a cabo.

Pero la tensión ahí sigue, no se ha ido. Como tampoco los amagos de los grupos criminales. La riqueza natural de la entidad por su producción y exportación, principalmente de frutas, su posición estratégica para el trasiego de drogas por su conectividad y la falta de una política criminal contundente, deja a la población vulnerable y a merced de la delincuencia que se empeña en amargar la vida y tranquilidad de los limoneros.

  • La autora es periodista, criminóloga y estratega en comunicación social

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