El diputado local de Morena, Antonio Attolini Murra, se mantiene en silencio ante la circulación de una fotografía en la que aparece acompañado del exalcalde de Tequila, Jalisco, Diego Rivera Navarro, actualmente recluido en el penal de máxima seguridad del Altiplano, acusado de secuestro y vinculación con el Cártel Jalisco Nueva Generación.
La imagen, que ha generado gran atención en redes sociales, lo muestra sonriente junto a Rivera Navarro, incluso abrazándolo, durante eventos públicos previos a la detención del edil. Aunque la presencia en la fotografía no implica responsabilidad legal, políticos y analistas advierten que en política las imágenes también construyen narrativa y pueden influir en la percepción pública.
Al ser cuestionado sobre su relación con Rivera Navarro, Attolini Murra se limitó a declarar: “No tengo comentarios al respecto todavía… por el momento no tengo nada que decir. La foto es real, claro. Tendré una respuesta que será contundente para que el pueblo de Torreón nunca tenga duda sobre mi integridad”. Asimismo, aseguró que “el pueblo de Torreón puede estar seguro que resolveré esto de manera estructural… con apego a derecho”.
El silencio del legislador contrasta con la rapidez con la que suele emitir pronunciamientos cuando los señalados son políticos de otros partidos. Observadores de la política local señalan la aparente contradicción: mientras Attolini no se ha deslindado ni emitido una explicación clara, sus declaraciones públicas suelen ser contundentes al criticar irregularidades de adversarios.
La fotografía de Attolini junto a Rivera Navarro ha vuelto a encender el debate sobre los filtros internos de Morena y la responsabilidad política de sus integrantes, especialmente cuando se trata de figuras que mantienen cercanía con acusados de delitos graves. Aunque jurídicamente la imagen no representa evidencia de delito, en el terreno político pesa más la percepción pública que los tecnicismos legales.
El caso de Diego Rivera Navarro continuará desarrollándose en los tribunales, mientras Attolini mantiene un perfil bajo, dejando abierta la pregunta sobre si su silencio es prudencia política o una estrategia para evadir cuestionamientos inmediatos.