Internacional

Violencia digital: la amenaza que crece

La campaña 2025 del 25N pone el foco en el abuso digital, un tipo de violencia que se expande sin freno en redes y plataformas, afecta especialmente a mujeres con presencia pública y puede culminar en agresiones físicas y feminicidios

¿Qué ocurre cuando el lugar que debería conectar al mundo se convierte en un arma? La violencia digital ya no es un fenómeno aislado ni un simple “conflicto en redes”: es violencia real, con consecuencias que traspasan la pantalla y pueden terminar en agresiones físicas e incluso en feminicidios. No hay excusa. #NoHayExcusa.

La violencia de género sigue siendo una de las violaciones a derechos humanos más extendidas en el mundo. Se estima que casi una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual al menos una vez en su vida. Y, de forma alarmante, cada diez minutos muere una mujer o niña a manos de su pareja o un familiar.

Este 2025, la campaña global por el Día Internacional para Eliminar la Violencia contra la Mujer centra su atención en un escenario donde esa violencia se ha multiplicado: el entorno digital. Las plataformas en línea se han convertido en un terreno fértil para silenciar a mujeres, sobre todo a quienes tienen presencia pública como políticas, periodistas, activistas o creadoras de contenido.

La escalada del abuso digital responde a varios factores: regulación tecnológica débil, falta de reconocimiento legal en muchos países, impunidad en plataformas, nuevas herramientas de agresión con inteligencia artificial, anonimato de agresores y escaso apoyo a víctimas. Todo ello ha dado origen a un ecosistema violento que se intensifica cada año.

¿Cómo se manifiesta la violencia digital?

El abuso digital adopta múltiples formas, entre ellas:

  • Uso indebido o difusión no consentida de imágenes íntimas.
  • Ciberacoso, troleo y amenazas.
  • Acoso sexual en línea.
  • Imágenes manipuladas con IA, incluyendo contenido sexual falso.
  • Discurso de odio y desinformación.
  • Doxeo (publicación de datos privados).
  • Vigilancia, seguimiento y control digital.
  • Captación y explotación sexual en línea.
  • Suplantación de identidad.
  • Redes misóginas como la “machoesfera” o los foros incel.

Estas agresiones no solo ocurren en internet. Muchas veces desembocan en coerción, violencia física o feminicidios. Los daños emocionales y sociales pueden ser devastadores y permanentes.

La violencia digital afecta a mujeres de todas las edades, pero es más agresiva contra mujeres con visibilidad pública o contra quienes viven discriminación interseccional por raza, discapacidad, identidad de género u orientación sexual.

Hoy, más que nunca, la consigna es clara: la violencia digital también es violencia real. Y combatirla es responsabilidad de todas y todos.

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