Durante la audiencia inicial por el asesinato del expresidente municipal de Uruapan, Carlos Manzo, salió a la luz una carta póstuma que podría cambiar el rumbo del caso. El documento, atribuido a Ramiro “N”, uno de los presuntos operadores del ataque, fue encontrado por su pareja dentro de una maleta que él mismo le pidió guardar antes de ocultarse en La Basilia, por órdenes del grupo criminal.
El hallazgo se convirtió en un punto de quiebre: Ramiro, quien apareció muerto días después junto a un joven de 16 años, anticipó su propia ejecución y responsabilizó directamente a “El Licenciado”, supuesto mando del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
En el mensaje dirigido a su hija, Ramiro confesó que mintió sobre sus actividades y que no se dedicaba al comercio de aguacate, como había dicho a su familia. En realidad, trabajaba para Jorge Armando “N”, alias El Licenciado, uno de los presuntos autores intelectuales del homicidio de Manzo.
También afirmó que el CJNG buscaba silenciarlo y advirtió que “El Licenciado tiene comprada a toda la fiscalía de Uruapan”, una acusación que la Fiscalía estatal ya analiza para determinar su autenticidad y contexto.
De reclutador a testigo incómodo
Las investigaciones establecen que Ramiro fungió como reclutador de los jóvenes que participaron directamente en el asesinato del edil. Entre ellos, el menor de 17 años que disparó contra Manzo durante el Festival de Velas, y Fernando Josué “N”, el otro joven hallado muerto junto a él.
El día del ataque, Ramiro habría coordinado posiciones desde la plaza principal, enviando videos y recibiendo instrucciones de la estructura criminal, incluido El Licenciado, según confirmó el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch.
Tras el homicidio, la orden fue clara: desaparecer. Pero la medida no lo salvó.
La carta no solo acusa a El Licenciado, sino que coincide con otras evidencias sobre la forma en que operaba la célula responsable del ataque a Manzo. Las autoridades señalan que en el grupo de mensajería donde se dio seguimiento a la ejecución también participaba Ramón Álvarez, alias El R1, otro de los señalados como autores intelectuales.
La Fiscalía de Michoacán revisará la caligrafía, las circunstancias del hallazgo y los testimonios para determinar la validez del documento, cuyo contenido podría redirigir las investigaciones hacia posibles actos de corrupción interna.
La audiencia continuará esta semana, mientras la autoridad suma peritajes, mensajes encriptados y declaraciones que buscan reconstruir con precisión la cadena de mando. La carta póstuma, ahora bajo resguardo oficial, se perfila como una pieza clave para entender por qué dos presuntos operadores del CJNG murieron antes de poder hablar.